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Irán 2026: Beiranvand, Taremi y la ausencia de Azmoun

Alireza Beiranvand vuelve a colocarse bajo los focos. A sus 33 años, el guardameta que salió de la nada para convertirse en símbolo nacional apunta, una vez más, a ser el dueño absoluto del arco de Irán en el Mundial 2026. Más de 80 internacionalidades lo respaldan. Y aún le queda cuerda.

Detrás de él, la pelea es intensa… pero con jerarquías claras. Hossein Hosseini, portero de Sepahan, es el gran rival por el puesto, un suplente de lujo que conoce el peso del escudo y que parece condenado a esperar su momento desde el banquillo. Payam Niazmand, de Persepolis, y el joven Mohammad Khalifeh, de Aluminium Arak FC, completan la nómina de aspirantes. Todos sueñan con ese tercer billete mundialista en la portería, ese rol silencioso pero vital en un torneo que no perdona errores.

El motor del medio: talento y jerarquía

En el corazón del equipo, un nombre se subraya solo: Saman Ghoddos. El mediocampista será una pieza clave para que la selección de Amir Ghalenoei tenga pausa, criterio y algo de magia entre líneas. De él se espera influencia, personalidad y decisiones correctas cuando el partido se rompa.

A su lado, Saeid Ezatolahi representa la otra cara del centro del campo: equilibrio, trabajo, lectura táctica. Se perdió los amistosos de marzo por una lesión en el pie, pero todo apunta a que llegará a tiempo para el verano. Si está sano, su presencia en el once inicial parece indiscutible.

Omid Noorafkan y Mohammad Ghorbani aportan experiencia y versatilidad. No acaparan portadas, pero sostienen estructuras, cierran espacios y dan alternativas en diferentes dibujos. El que rompe el molde es Amir Razzaghinia, joven de Esteghlal, una promesa que podría irrumpir si Ghalenoei decide darle minutos y responsabilidad. Si tiene un hueco, puede convertirse en una de las revelaciones de Team Melli.

Taremi, la estrella que no se apaga

Arriba, todo gira alrededor de un hombre: Mehdi Taremi. El delantero se encamina hacia su tercer Mundial y ya supera el medio centenar de goles con la selección. No solo es el finalizador; es referencia, faro y líder silencioso de un ataque que lo busca de manera casi instintiva.

Llega a la cita tras otra campaña prolífica con Olympiacos en Grecia, con el arco entre ceja y ceja y la memoria fresca de lo que significa marcar en una Copa del Mundo. En Qatar 2022 firmó un doblete ante Inglaterra en aquel 6-2 doloroso pero revelador. Sabe lo que es convertir bajo máxima presión. Y eso pesa.

Por fuera, Irán mantiene dinamita. Alireza Jahanbakhsh, con pasado en la Premier League y en la Eredivisie, ofrece desborde, golpeo y oficio en la banda. Mehdi Ghayedi también tiene el billete prácticamente asegurado: velocidad, uno contra uno y la capacidad de romper defensas cerradas. A su alrededor se mueven nombres como Mehdi Torabi, Ali Gholizadeh, Mohammad Mohebi, Ali Alipour, Shahriyar Moghanlou, Hossein Abarghouei, Amirhossein Mahmoudi, Amirhossein Hosseinzadeh y Ehsan Mahroughi, una batería ofensiva amplia que le permite a Ghalenoei cambiar registros sin alterar el plan general.

La gran sombra: un Mundial sin Sardar Azmoun

Todo este potencial ofensivo, sin embargo, convive con una ausencia que lo condiciona todo. Irán se prepara para un Mundial, probablemente, sin Sardar Azmoun. El delantero, con 57 goles en 91 partidos internacionales, no estuvo en los amistosos de marzo tras unas informaciones que apuntaban a un supuesto acto de deslealtad al gobierno. El mensaje fue claro. Y el impacto deportivo, enorme.

Perder a un goleador de ese calibre obliga a rediseñar jerarquías y automatismos. Azmoun no es solo estadística; es presencia, amenaza constante, un socio ideal para Taremi. Si finalmente no entra en la lista, Irán pierde una de sus grandes armas históricas en área rival.

En ese contexto aparece Dennis Eckert. El atacante de Standard Liege, con raíces iraníes, fue convocado por Ghalenoei para esos amistosos de marzo en lugar de Azmoun. No llega con el cartel de estrella, pero sí con una oportunidad única: convencer al seleccionador de que puede ser parte real de la rotación ofensiva en el torneo de Estados Unidos, México y Canadá.

Beiranvand, del asfalto de Teherán a otro Mundial

La historia de Beiranvand se ha contado mil veces, pero no se agota. Hijo de una familia nómada, se marchó de casa con 12 años para perseguir un sueño que parecía imposible. Durmió en la calle en Teherán, enlazó trabajos precarios, se aferró al fútbol como tabla de salvación.

Hoy es el guardián de una nación. Su nombre quedó grabado en la memoria colectiva cuando detuvo el penalti de Cristiano Ronaldo en Rusia 2018, la primera vez que Portugal fallaba desde los once metros en una Copa del Mundo. Ese instante lo elevó a mito. En 2026, con los guantes de Tractor, está llamado a liderar otra vez desde atrás, con Hosseini listo para entrar si la historia da un giro inesperado.

La estructura de Ghalenoei: un 4-2-3-1 reconocible

Sobre el papel, Irán se presentará con un dibujo clásico, reconocible y trabajado: un 4-2-3-1 que equilibra seguridad y pegada.

En defensa, todo apunta a una línea de cuatro con Salheh Hardani en el lateral derecho y Milad Mohammadi en la izquierda. Por dentro, la pareja Shojae Khalilzadeh–Hossein Kanaanizadegan ofrece experiencia, juego aéreo y contundencia. No será la zaga más vistosa del torneo, pero sí una de las más difíciles de superar cuando se cierra cerca de su área.

Por delante, Ezatolahi y Ghoddos forman un doble pivote muy completo: uno barre y ordena, el otro conecta y crea. Desde ahí se teje el juego hacia una línea de tres mediapuntas con Jahanbakhsh abierto, Mehdi Ghayedi amenazando entre líneas y Mohebi aportando movilidad y llegada. En la punta, solo, pero jamás aislado, Taremi.

El once previsto para el Mundial 2026, con ese 4-2-3-1, se dibuja así: Beiranvand; Hardani, Khalilzadeh, Kanaanizadegan, Mohammadi; Ezatolahi, Ghoddos; Jahanbakhsh, Ghayedi, Mohebi; Taremi.

Es una selección con cicatrices, talento y cuentas pendientes en los grandes escenarios. La pregunta es sencilla y brutal: ¿le alcanzará a esta mezcla de veteranos ilustres y nuevas apuestas para dar, por fin, el salto que Irán lleva décadas persiguiendo?