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Aston Villa conquista Europa 44 años después

Cuarenta y cuatro años después de Múnich, Aston Villa vuelve a mandar en Europa. El club que un día tumbó al Bayern para levantar la Copa de Europa ha encontrado en Unai Emery el puente definitivo entre la nostalgia y una nueva era. El técnico de 54 años, dueño y señor de esta competición, ya tiene cinco Europa League en su palmarés con cuatro equipos distintos. Un registro de dinastía.

En Estambul, su Villa no ganó una final. La dictó. La moldeó a su antojo. Y la remató con tres golpes secos: un derechazo de Youri Tielemans, una obra de arte de Emi Buendía y el tanto definitivo de Morgan Rogers. Freiburg, superado desde el plan hasta el detalle, apenas pudo resistir el vendaval.

De Preston a Estambul: la coronación de un grupo

La imagen que quedará para siempre es la de John McGinn levantando el trofeo hacia el cielo de la ribera del Bósforo. El escocés, que hace siete años peleaba en la Championship para devolver al club a la Premier League con aquella victoria ante Derby County en Wembley, se ha convertido en el primer capitán escocés en alzar un título europeo mayor desde Barry Ferguson en 2008 y el primero en hacerlo con un club inglés desde Graeme Souness en 1984.

Alrededor de él, un grupo que ha recorrido todo el mapa emocional del club: de los partidos de mitad de semana en Preston a una final continental. Tyrone Mings y Tammy Abraham formaban parte de aquel ascenso en 2019; Ezri Konsa, Emi Martínez, Ollie Watkins y Matty Cash se fueron sumando en los meses posteriores. Entre todos han construido un bloque que varias veces rozó la gloria sin atraparla.

Se quedaron a las puertas en las semifinales de la Conference League en 2024. Cayeron el año pasado en cuartos de final de la Champions League ante el futuro campeón, Paris Saint-Germain. Siempre cerca, nunca del todo. Hasta Estambul.

En la capital turca, Villa demostró que había aprendido cada lección de ese camino. Controló el ritmo, enfrió a Freiburg cuando amenazaba con apretar y golpeó con una frialdad quirúrgica. Tres zarpazos, cero temblores. Un final que borra de un plumazo los 30 años sin títulos y coloca a esta generación junto a nombres como Paul McGrath o Peter Withe en la memoria colectiva del club.

Emery, el señor de la Europa League

Thomas Tuchel lo adelantó en 2021, antes de la Supercopa entre Chelsea y el Villarreal de Emery: la UEFA podría acabar poniendo el nombre del técnico vasco al trofeo. No exageraba. Con el triunfo de este miércoles en el Besiktas Park, Emery ha levantado ya cinco veces la Europa League, y lo ha hecho con Sevilla (tres), Villarreal y ahora Aston Villa.

En el universo de los grandes torneos europeos, solo Carlo Ancelotti, con cinco Champions League, iguala esa cifra de títulos. Pero nadie había sido capaz de conquistar una competición continental mayor con tres clubes distintos. Emery sí.

El entrenador insiste en que no es el “rey” del torneo. En la grada, 11.000 aficionados de Villa vestidos de claret and blue, entre ellos un futuro rey de verdad como el aficionado declarado Prince William, pensaban otra cosa. En cuatro años ha llevado al equipo del puesto 17 de la Premier League a la zona de Champions y, ahora, a un título europeo. Difícil pedir más autoridad.

También aseguró que sus éxitos anteriores no influirían en esta final. Sin embargo, su plan de partido volvió a demostrar lo contrario. Diseñó un guion que explotó la superioridad física y técnica de su equipo, y desde el momento en que el disparo de Tielemans se estrelló en la red de Noah Atubolu, el resultado dejó de parecer un misterio.

Conviene recordar de dónde venía este Villa. No ganó ninguno de sus primeros cuatro encuentros de la temporada. No marcó hasta finales de septiembre. Desde ahí, la remontada ha sido feroz: clasificación para la Champions y un título europeo mayor. Emery ya no es solo un especialista en eliminatorias. Es, sencillamente, uno de los grandes entrenadores de su tiempo.

Un plan directo, dos golazos y un final sin suspense

El arranque del partido no invitaba a pensar en una exhibición. Durante 40 minutos, el duelo fue trabado, cortado por faltas, sin continuidad. Ninguno de los dos equipos lograba mandar. Villa parecía incómodo, como si el motor no terminara de arrancar.

Pero el aparente atasco escondía una idea. Emery había decidido esquivar la presión de Freiburg con balones largos constantes hacia Watkins, saltándose la zona de elaboración. El juego no era bonito. Era funcional. Y esperaba el momento justo.

La chispa llegó desde la pizarra de Austin MacPhee, el especialista en jugadas de estrategia de Villa. Lucas Digne sacó en corto un córner que pilló despistada a la defensa alemana. Morgan Rogers tuvo tiempo para levantar la cabeza, medir el envío y colgar un balón tenso hacia la frontal del área. Allí apareció Tielemans, de cara, para enganchar una volea brutal. El balón salió como un latigazo, imposible para Atubolu. 1-0 y partido roto.

La ventaja liberó a Villa y desnudó a Freiburg. Y entonces apareció Buendía. El argentino, en la frontal, se perfiló con la pierna menos hábil, la izquierda, y dibujó un disparo que se fue abriendo hasta colarse en la escuadra, lejos de la mano desesperada del portero. Un gol para ver repetido en bucle. En cuanto la pelota besó la red lateral, el árbitro François Letexier señaló el descanso. No hacía falta nada más para cerrar una primera parte perfecta.

El tercer tanto no tuvo la misma belleza, pero sí la misma contundencia. Rogers, con 23 años y 298 días, cazó su oportunidad y firmó el 3-0 que sentenció la final. Se convirtió así en el inglés más joven en marcar en una gran final UEFA desde Steven Gerrard en 2001. Otro nombre propio para una noche que multiplica símbolos.

Freiburg, que corrió 2,5 kilómetros más que Aston Villa (102,9 km por 100,4 km), persiguió sombras. Esfuerzo sin premio. Intensidad sin mordida. El guion recordaba a otras finales recientes: las últimas tres Europa League con dos goles de ventaja al descanso han acabado 3-0. Ocurrió con Atlético de Madrid ante Athletic Club en 2012, con Atalanta frente a Bayer Leverkusen en 2024 y ahora con Villa contra Freiburg. Cuando este torneo se rompe pronto, no suele haber giro final.

Historia, estadísticas y una pregunta incómoda para Europa

El título llega al final de una espera interminable. Aston Villa no disputaba una gran final europea desde hace 44 años, la tercera sequía más larga tras las de Manchester City (51 años, de 1970 a 2021) y West Ham United (47, de 1976 a 2023). El club rompe también una racha de tres décadas sin levantar ningún trofeo relevante, desde aquella League Cup de 1996 ante Leeds United.

El éxito se inserta, además, en un nuevo dominio inglés sobre la segunda competición continental. Con la Europa League ganada por Spurs el año pasado, es la primera vez desde las dos primeras ediciones de la UEFA Cup (1971-72 para Spurs y 1972-73 para Liverpool) que clubes ingleses se coronan en temporadas consecutivas.

La noche dejó otro registro singular: Jadon Sancho, hoy en Aston Villa, se convirtió en el primer futbolista en disputar la final de las tres grandes competiciones europeas en tres cursos seguidos: Champions League en 2023-24, Conference League en 2024-25 y ahora Europa League en 2025-26. Un itinerario que resume bien el cambio de paisaje en el fútbol continental.

Y mientras McGinn se inscribe en la lista de capitanes escoceses que han levantado Europa, el club mira hacia adelante. De un descenso en 2016 a una final europea dominada de principio a fin. De la duda a la certeza. De la nostalgia a la ambición.

La pregunta ya no es si Aston Villa ha vuelto. La cuestión es cuánto tiempo está dispuesto el resto de Europa a dejar que este equipo, y este entrenador, sigan creciendo sin freno.