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Croacia inicia su Mundial ante Inglaterra: un examen crucial

Zlatko Dalic no engaña a nadie: el Mundial de Croacia empieza en el alambre. Y el rival del debut no concede margen de error. Inglaterra, el 17 de junio en Dallas, como primer examen para una generación que llega tocada de forma y de físico, y que sabe que un mal inicio puede arruinar el verano.

“Quizá, porque el primer partido puede destruirlo todo”, admitió el seleccionador cuando le preguntaron si habría preferido medirse a Inglaterra más adelante en la fase de grupos.

La herida de la Eurocopa aún escuece: derrota 3-0 ante España en el estreno y una caída de la que nunca se levantaron. El recuerdo contrasta con otros arranques: victoria ante Nigeria en 2018, empate frente a Marruecos en 2022. El primer paso marca el camino. Y Dalic lo sabe.

Croacia llega a Estados Unidos con una victoria reciente, 2-1 frente a Eslovenia en su último amistoso en Varazdin, pero con demasiados interrogantes para un equipo que viene de ser tercero en 2022 y subcampeón en 2018. La jerarquía sigue ahí; las piernas, no tanto.

Un once lleno de dudas

Las preocupaciones se acumulan en la pizarra de Dalic. Mateo Kovacic y Josip Gvardiol, ambos del Manchester City, apuran su regreso tras lesión. Son piezas estructurales, no simples complementos, y el técnico asume que llegará a Dallas con decisiones difíciles por tomar.

“Kovacic, Gvardiol y Modric no jugaron mucho durante un largo periodo y no están en una forma óptima”, reconoció. En el caso de Kovacic, la frase es casi una sentencia: “Apenas jugó esta temporada y ahora lo necesitamos”. No hay plan B de lujo. “No tenemos una plantilla amplia y estos son algunos de nuestros jugadores más importantes”.

Gvardiol ya está de vuelta, pero Dalic insiste: ninguno de los tres alcanza todavía el nivel ideal. Para una selección que vive de los matices, de la precisión en la salida y de la agresividad en la presión media, cada porcentaje de forma perdido se nota.

Modric, máscara y talento

En medio de las dudas, aparece Luka Modric. Con máscara protectora por una fractura en el pómulo, el capitán volvió a recordar en Varazdin por qué sigue siendo el faro del equipo. Marcó un gol precioso, de los que resumen una carrera: control, pausa, definición limpia. El detalle técnico sigue intacto, aunque la falta de ritmo también le alcanza.

Modric, Kovacic, Gvardiol. Tres nombres que sostienen la estructura competitiva de Croacia y que llegan cortos de minutos. La selección que acostumbró al mundo a verla crecer en los torneos se enfrenta esta vez a un inicio que no permite demasiados periodos de adaptación. El calendario no espera.

Inglaterra, vieja conocida y nuevo desafío

El cruce tiene historia. Dalic estaba en el banquillo aquella noche de 2018 en Moscú, cuando Croacia remontó a Inglaterra en semifinales y se metió en la final del Mundial. Desde entonces, los ingleses han ganado dos veces a los croatas. El relato épico ya no pesa tanto en la mente del rival.

El técnico, lejos de alimentar viejos fantasmas, bajó el tono de cualquier lectura psicológica. Nada de cuentas pendientes, nada de traumas ajenos. Prefiere centrarse en lo que tiene delante: una selección que, para él, vive en el ecosistema más competitivo del planeta. “Un equipo muy fuerte cuya liga es la mejor del mundo y que juega muy ofensivo, muy rápido”, describió. Y lanzó el aviso: “Tendremos que hacer algo más”.

Inglaterra ha elegido una preparación larga en Estados Unidos. Voló a Miami una semana antes, pese a que el duelo en Dallas aún queda lejos en el calendario. Un mensaje claro: llegan con tiempo para aclimatarse, ajustar detalles y asumir el papel de favorita en el grupo.

El filo del primer partido

Dalic no se esconde. “El primer partido es el más importante”, repite. No hay margen para el cálculo ni para la especulación. Contra Inglaterra, Croacia “peleará, intentará hacer lo mejor y tratará de ganar”. No suena a consigna vacía, sino a una declaración de necesidad.

El seleccionador sabe que su equipo corre el riesgo de arrancar el torneo a contrapié. Lo dicen las lesiones, lo confirman los minutos acumulados —o la falta de ellos— y lo remata un calendario que le enfrenta de inicio a una de las grandes potencias del fútbol actual.

Croacia llega con menos brillo que en otras ocasiones, pero con el mismo vértigo de siempre: ese primer partido que, como teme Dalic, puede construir un Mundial… o destruirlo todo en 90 minutos.