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Graham Potter y la clasificación de Suecia al Mundial

“Nos vamos al Mundial, baby”. Graham Potter no gritó una frase bonita para la galería. Fue un desahogo. Un rugido. El estallido de un entrenador que llevaba años tragando frustración y que, por fin, encontraba luz en el lugar donde empezó a construirse como técnico.

El gol de Viktor Gyökeres en el minuto 88 ante Polonia, en un Strawberry Arena a reventar con 50.000 personas, no solo clasificó a Suecia para su primer Mundial desde 2018. También rescató a Potter de su propia sombra. Aquel 3-2 en la repesca de marzo fue, como él mismo lo definió, “la mejor noche” de su carrera.

De los golpes en la Premier a la redención nórdica

Potter llega a ese momento con cicatrices visibles. Despedido de Chelsea tras solo siete meses. Otro final áspero en West Ham después de un complicado ciclo de ocho meses que terminó en septiembre. Lo admite sin rodeos: “Duele. Son experiencias dolorosas. He vivido el fracaso. También he tenido bastante éxito. Eso es la vida”.

Habla de perspectiva, de escuchar solo a quienes pueden ayudarte a mejorar, de aprender incluso de lo que quema. “Tienes que encontrar alguna forma de estar agradecido por ello, pero cuando lo estás viviendo no es fácil. Tienes que gestionar el fracaso, pero te convierte en mejor persona, seguro”.

Y, de repente, Estocolmo. El ruido, el frío, el gol. “Nunca olvidaré esa noche en Estocolmo. Fue la mejor noche de mi carrera. Hay momentos oscuros que no son agradables, pero también hay instantes que simplemente no se pueden describir”.

El desenlace tuvo algo de guion perfecto: Gyökeres, delantero del Arsenal, venía de un ‘hat-trick’ contra Ucrania y firmó el tanto decisivo ante Polonia. Suecia al Mundial. Potter al fin con una recompensa tangible.

“Viktor marca y es como una experiencia extracorporal, solo puedo describirlo así”, cuenta el inglés. “Todos nuestros suplentes corriendo al campo. Hay 15 jugadores sobre el césped y yo pensando: ‘Son tarjetas amarillas, son problemas’. Pero claro, es un Mundial, así que todas las reglas salen por la ventana”.

Cuando sonó el pitido final, el estadio explotó. Potter lo resume con una frase sencilla: “Es increíble poder vivir algo tan positivo con el fútbol, porque últimamente no he tenido demasiado de eso. A nivel humano, se agradece”.

Le preguntan cómo celebró. Responde con una sonrisa: “¿Qué crees que hice?”. Hubo alguna copa, sí, pero sin perder el norte. “No creo que debas dejarte llevar demasiado. Nunca eres tan bueno como dicen cuando estás arriba, ni tan malo como dicen cuando estás abajo. Hay que encontrar la manera de mantener la perspectiva”.

El inglés más sueco de todos

Antes de la Premier, antes del ruido mediático, estuvo Östersunds FK. Allí empezó todo. Potter tomó al club en cuarta división y lo llevó hasta la élite del fútbol sueco, levantó una copa nacional y lo metió en Europa. Siete años que lo marcaron para siempre.

En Suecia aprendió el idioma, el ritmo del país, su cultura. En su recién estrenada cuenta de Instagram aparece relajado, recorriendo paisajes nórdicos con su familia, leyendo literatura escandinava, participando en actos culturales. No es pose. Es biografía.

“Me siento muy sueco cuando trabajo”, admite. Canta el himno antes de los partidos. “Hasta parezco un poco sueco. Dos de mis hijos nacieron aquí. Tuve siete años inolvidables en Östersunds, con recuerdos que se quedarán conmigo para siempre”.

Recuerda de dónde viene: “Llegué desde la cuarta categoría del fútbol sueco, que es bastante baja, y fui subiendo por el sistema hasta la Allsvenskan. Casi te vuelves sueco en un sentido futbolístico por las experiencias que tienes. Creo que eso me ha ayudado mucho”.

Ahora dirige a la selección y trabaja para la federación. Lo dice sin matices: “Me siento muy sueco”.

Su conexión con el país va más allá del banquillo. Se sabe de memoria la banda sonora de la gran gesta moderna de Suecia: el Mundial de 1994 en Estados Unidos. Tararea “När vi gräver guld i USA”, el himno de aquella generación, tan incrustado en la memoria colectiva como “World in Motion” o “Three Lions” en Inglaterra.

Su decisión de aceptar el cargo en noviembre, en principio con un acuerdo a corto plazo tras la salida de Jon Dahl Tomasson, no fue un salto al vacío. Fue un paso calculado. Antes del parón de marzo, ya había ampliado su contrato hasta 2030, incluso antes de certificar el billete mundialista. Dirigirá a Suecia en este Mundial, en la Eurocopa 2028 y, si logran el pase, en el Mundial de 2030.

“Quizá en Inglaterra lo hemos dado por hecho porque solemos clasificarnos”, reflexiona. “Pero la realidad es que muchos países no lo consiguen, así que es especial cuando lo logran. También es muy importante para las finanzas de la estructura futbolística”.

Entre los mensajes que recibió tras el éxito hubo uno con un peso simbólico enorme: una felicitación de Zlatan Ibrahimovic, al que Potter define como “uno de los reyes de Suecia”.

Isak, Gyökeres y un ataque para soñar

La lista para el verano no se ha escrito sola. Ha exigido decisiones duras, conversaciones que él mismo define como “las más difíciles como padre y como ser humano”. Pero al menos tiene un consuelo: puede apoyarse en dos de los grandes fichajes de la pasada Premier League.

Alexander Isak, ahora en el Liverpool, y Viktor Gyökeres, estrella del Arsenal, están llamados a ser el eje ofensivo de una Suecia que se enfrentará en el Grupo F a Túnez, Países Bajos y Japón.

“Creo que son distintos en su estilo, lo cual es bueno para nosotros porque puedes intentar utilizarlos de forma efectiva”, explica Potter. Hay un matiz llamativo: “La verdad honesta es que todavía no los hemos alineado juntos en mi etapa, así que será emocionante desarrollarlo. Si conseguimos que disfruten del fútbol y estén enchufados, son jugadores top”.

Isak todavía no ha sido titular con Potter debido a una temporada marcada por las lesiones tras su traspaso récord de 125 millones de libras desde Newcastle a Liverpool. Un contexto exigente. “Puede llevar un poco de tiempo”, admite el seleccionador. “En los clubes más grandes hay presión y expectativas, y cuando la expectativa y la realidad empiezan a divergir, puede crear problemas. Sus lesiones han sido decepcionantes, pero lo conozco bien. Es un profesional top que quiere jugar y ayudar a su equipo”.

Gyökeres llega con números demoledores: 21 goles, título de Premier League y final de Champions en su primer curso en el Arsenal tras su fichaje desde Sporting por 55 millones de libras. Aun así, no se ha librado de las críticas. Potter lo utiliza como ejemplo del ecosistema actual: “Es un buen ejemplo del fútbol moderno. Desde nuestra perspectiva, ha marcado cuatro goles en dos partidos y nos ha ayudado a ir al Mundial, así que su impacto ha sido significativo”.

El técnico no olvida un detalle casi literario: Isak le marcó en su debut profesional, con solo 16 años, jugando para AIK contra su Östersunds. Hoy, aquel adolescente es una de sus grandes esperanzas.

Base humilde, ambición enorme

Clasificada casi al final del proceso, Suecia se quedó con una de las últimas bases de entrenamiento disponibles entre las 48 selecciones: las instalaciones del instituto SDJA, en San Diego. Nada de centros futuristas ni complejos de lujo. Pero no hay queja.

Potter subraya que las condiciones son buenas y pone el foco en los detalles que pueden marcar diferencias en un torneo largo y caluroso: la importancia creciente de las jugadas a balón parado, la gestión física en el clima de California, la necesidad de elegir un grupo equilibrado aunque eso implique dejar fuera a futbolistas con peso en el vestuario.

Mientras Inglaterra se instalará en Miami antes del torneo, Suecia opta por otra vía. Se quedará en Estocolmo hasta el último momento para que los jugadores puedan pasar tiempo con familia y amigos y recargar pilas tras una temporada de club agotadora. Otro rasgo de ese enfoque muy sueco que Potter ha abrazado.

Antes del estreno mundialista, el equipo afrontará amistosos ante Noruega y Grecia. Después, el gran salto: debut contra Túnez el 15 de junio. Vuelve el escenario que marcó al niño Graham.

“Mi primer recuerdo futbolístico es de 1986: tenía 11 años y veía a Diego Maradona”, recuerda. “Ahí me di cuenta de lo especial que era este juego. Trabajar ahora en ese entorno es un sueño”.

Un sueño que, esta vez, habla con acento sueco y se juega con la urgencia de un país que ha vuelto al escaparate global. Y con un entrenador que ya sabe lo que es caer, levantarse y gritar en un vestuario: “Nos vamos al Mundial, baby”.

Graham Potter y la clasificación de Suecia al Mundial