Inglaterra y Croacia se enfrentan de nuevo en el Mundial
Inglaterra vuelve al punto de partida. Ocho años después de aquella semifinal que aún escuece, se cruza de nuevo con Croacia en un estreno de Mundial que huele a cuentas pendientes y a examen inmediato para el proyecto de Thomas Tuchel.
El escenario, Dallas. El contexto, un Grupo L que completan Ghana y Panamá, y que, sobre el papel, invita a pensar en un camino relativamente despejado para los ingleses. Pero la historia reciente les ha enseñado que con Croacia no hay trámite posible.
Tuchel, casi con todo… salvo un par de dudas clave
El seleccionador inglés llega con casi todo su arsenal disponible: 25 de los 26 convocados están listos. Solo falta Trevoh Chalobah, incorporado a última hora por lesión de un compañero y aún sin ritmo competitivo suficiente para entrar en la lista del debut.
Al frente, como siempre, Harry Kane. El capitán llega a un torneo en el que las grandes estrellas han marcado territorio desde el primer día. Inglaterra necesita que su referencia ofensiva se sume a esa ola desde el primer minuto. Kane es gol, pero también jerarquía, pausas, apoyos, liderazgo silencioso. El Mundial se le exige desde ya.
La gran incógnita se llama Bukayo Saka. El jugador del Arsenal arrastra molestias y el cuerpo técnico sabe que forzarle en el primer partido puede salir caro más adelante. Su estado obliga a Tuchel a una gestión quirúrgica: ¿arriesgar desde el inicio con uno de sus futbolistas más determinantes o reservarlo y apostar por un plan algo más conservador en bandas? La respuesta puede alterar por completo la fisonomía ofensiva de Inglaterra.
Una Croacia distinta, el mismo cerebro
Al otro lado, una Croacia muy diferente a la que destrozó el sueño inglés en Rusia. El bloque se ha renovado, el colmillo quizá no sea tan afilado, y varias de sus viejas figuras ya no están. Pero el corazón del equipo sigue latiendo al ritmo de un solo hombre: Luka Modric.
El veterano centrocampista continúa siendo el metrónomo, el punto de apoyo emocional y futbolístico de un grupo que, aunque más liviano en nombres, conserva oficio competitivo. Mientras Modric esté en el césped, Croacia tendrá una forma clara de rebelarse contra cualquier pronóstico.
Inglaterra llega con más profundidad de plantilla, más físico, más alternativas. Croacia, con menos brillo que en 2018, pero con memoria y orgullo. El duelo no solo abre un grupo, reabre una herida.
El Mundial 2026 arranca para Inglaterra con una pregunta directa: ¿es este el año en el que por fin convierte las promesas en algo tangible, o volverá a encontrarse con el mismo viejo fantasma vestido de cuadros rojiblancos?
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