balonmexicano full logo

Ousmane Dembélé y su hat-trick en el Mundial

El cartel anunciaba un duelo de estrellas: Erling Haaland contra Kylian Mbappé. El césped de Boston esperaba a los dos colosos del gol. Pero cuando salieron las alineaciones, el relato cambió de protagonista. Haaland, al banquillo. Mbappé, titular, sí, aunque en un papel inesperadamente secundario. Y entre ellos, entrando en el vacío de ese escenario, apareció Ousmane Dembélé.

Treinta y dos minutos bastaron. Un hat-trick descomunal, el segundo más rápido desde el inicio de un partido en la historia de los Mundiales masculinos. Francia derrotó a una Noruega muy rotada y se aseguró el primer puesto del Grupo I. El marcador fue claro. La actuación de Dembélé, todavía más.

Un once de reservas, un castigo de élite

Stale Solbakken decidió desafiar la lógica. Diez cambios respecto a los dos triunfos anteriores, Haaland a resguardo, una Noruega casi irreconocible en un partido que podía darle el liderato del grupo. Su apuesta por la rotación masiva abrió la puerta a un escenario peligroso: darle a Francia metros, balón y hambre.

Les Bleus no tardaron en oler sangre. Desde el inicio marcaron el ritmo, ganando duelos, robando alto, imponiendo jerarquía. Y en el minuto 7, la superioridad se transformó en gol.

Francia robó en campo noruego. Mbappé, escorado, vio a Dembélé abierto a la derecha y le sirvió el balón. El extremo del Paris Saint-Germain encaró, frenó un instante al defensa, y soltó un derechazo seco que superó a Egil Selvik. Un disparo con rabia, casi un desahogo. El primer aviso de que la noche iba a ser suya.

El show Dembélé

El segundo llegó en el 20, y fue puro vértigo. Francia salió en contraataque como un resorte. Dembélé recibió otra vez en la derecha, recortó hacia dentro sobre su zurda y dibujó un disparo con rosca al segundo palo, imposible para Selvik. Un gol de jugador en estado de gracia, de esos que parecen anunciados desde el primer control.

Noruega reaccionó de inmediato, casi por instinto. Desde el saque de centro, 79 segundos después del 2-0, la zaga francesa se durmió ante una combinación directa que culminó Thelo Aasgaard, delantero de Rangers, con un remate cruzado que pilló a contrapié a Mike Maignan. Francia, que hasta entonces había jugado con una autoridad casi altiva, descubría que el partido aún no estaba cerrado.

Pero Dembélé no estaba dispuesto a compartir los focos. Ni el balón.

El tercer gol fue una obra coral con un final de solista. Diecisiete pases, los once jugadores de Francia tocando la pelota, paciencia y precisión hasta encontrar el hueco. Cuando el balón llegó a Dembélé, el escenario era perfecto: cuatro defensores noruegos alrededor, todos dudando, todos reculando. El extremo volvió a recortar hacia su zurda y colocó otro disparo curvado, seco, ajustado, de esos que parecen repetición pero son pura confianza.

Hat-trick. En 32 minutos. El primero en anotar tres goles en la primera parte de un partido de Mundial desde Oleg Salenko en 1994. Y solo Erich Probst, en 1954, había firmado un triplete más rápido desde el inicio de un encuentro.

Críticas, dolor y respuesta

En el banquillo francés no estaba Didier Deschamps. El seleccionador había regresado a casa tras el fallecimiento de su madre. El peso del partido recayó en su ayudante, Guy Stephan, que no escondió el trasfondo emocional de la noche de Dembélé.

“Ousmane es un ser humano, como cualquiera puede oír las críticas”, recordó Stephan. “Ha tenido desgraciadamente problemas de lesiones, pero cada vez vuelve más fuerte. Tres goles en un partido de Mundial es excepcional”.

La frase encaja con la trayectoria reciente del delantero: un talento deslumbrante, perseguido por lesiones, cuestionado por su irregularidad, sometido a un escrutinio constante en Francia. En Boston, respondió con la contundencia que solo dan los grandes escenarios: su primer partido con más de un gol con la selección y una exhibición que lo lanza de lleno a la lucha por la Bota de Oro del torneo, con cuatro tantos ya en su cuenta.

Mbappé en la sombra, Maignan gigante

Lo paradójico es que, durante unos segundos, pareció que el guion de siempre iba a repetirse. A los 21 segundos de juego, Mbappé estrelló un disparo en la parte inferior del larguero. El estadio contuvo el aliento. El balón botó fuera. Fue un aviso fugaz. Después, el capitán francés se diluyó.

En la primera parte, fue el jugador de campo francés con menos toques. Una imagen que recordaba a aquel duelo de cuartos de final de 2022, cuando Inglaterra logró apagar a Mbappé, pero Antoine Griezmann se adueñó del partido. Esta vez, el rol de director de orquesta recayó en Dembélé.

Noruega, pese a su alineación alternativa, tuvo su momento para volver al partido tras el descanso. Jorgen Strand Larsen dispuso de un penalti al inicio de la segunda parte. Ejecutó con tibieza. Maignan adivinó la intención y detuvo el disparo. Un detalle histórico: ningún guardameta francés había parado un penalti en un Mundial, fuera de las tandas, desde Joel Bats en 1986.

La intervención del portero del AC Milan sostuvo la sensación de que Francia no solo tiene pegada, también tiene seguridad atrás. Un equipo que gana, pero que además intimida.

Francia levanta el pie, Doue remata

Con el 3-1 y el liderato del grupo prácticamente asegurado, Francia bajó el ritmo. El partido perdió filo, Noruega aceptó el destino de la segunda plaza, y la grada se relajó tras el vendaval inicial.

En el minuto 65, Dembélé dejó el campo. Aplausos, sonrisa contenida, la sensación de que había completado la función y tocaba retirarse entre cortinas. El espectáculo, sin embargo, aún guardaba un último detalle.

En el 94, Desire Doue, compañero de Dembélé en Paris Saint-Germain, apareció en el área para firmar el 4-1 con un cabezazo bombeado que superó a Selvik. Un cierre suave para una noche marcada por la furia del primer acto.

Francia mira hacia adelante, Noruega guarda a su cañón

Con tres victorias en tres partidos, Francia firma una fase de grupos perfecta en un Mundial por primera vez desde 1998, el año en que organizó y levantó el trofeo. El paralelismo es inevitable. La prudencia de Stephan, también.

“Este equipo es totalmente diferente al de 2022”, subrayó. “Más de la mitad de la plantilla no había jugado nunca un Mundial. Solo podremos ver cómo evolucionamos a medida que avance el torneo y juguemos contra equipos fuertes. Necesitamos equilibrio entre ataque y defensa, y para eso hay que esperar”.

Noruega, por su parte, eligió el camino del cálculo. Solbakken asumió el riesgo de rotar y renunciar al primer puesto, satisfecho con la segunda plaza. Haaland, con cuatro goles en el torneo, los mismos que Mbappé, llegará descansado a los cruces. La afición escandinava, eso sí, no olvidará que en un partido que pedía a su goleador, la responsabilidad cayó en un once de suplentes.

Francia, en cambio, sale de Boston con una certeza nueva: cuando el foco no ilumina a Mbappé, hay otro futbolista capaz de incendiar un Mundial. Y la pregunta, de cara a las rondas decisivas, ya empieza a flotar en el ambiente: ¿qué selección está preparada para contener a los dos al mismo tiempo?