El renacer mundialista de Graham Potter con Suecia
Graham Potter apareció la semana pasada en el entrenamiento de Suecia con un sombrero tejano calado hasta las cejas. Una broma, un guiño al Mundial en Texas, una foto fácil para redes. También, para muchos, la imagen perfecta de un técnico al que daban por sentado en el “último trago” de su carrera tras dos destituciones consecutivas en apenas 15 meses.
En Monterrey, la caricatura se cayó de golpe.
Suecia arrasó 5-1 a Túnez en el Estadio Monterrey y envió un mensaje nítido: el equipo de Potter no ha viajado a este Mundial para hacer turismo. Ha ido a competir.
De las dudas al golpe sobre la mesa
Para un entrenador despedido por West Ham en septiembre tras un paso fallido por Chelsea, pocos habrían apostado porque este verano apareciera al frente de una selección celebrando una goleada en un debut mundialista.
“Uno nunca sabe, esa es la verdad”, reconoció Potter tras el 5-1. “Nunca sabes cómo van a salir las cosas. Éramos optimistas porque confiábamos en el trabajo. Pero hasta que se juega el partido no lo sabes seguro. Esa es la belleza del deporte. Estamos encantados con cómo hemos rendido esta noche y es un gran comienzo para nosotros”.
Los datos subrayan el vuelco. Suecia marcó ante Túnez más goles que en toda la fase de grupos de la clasificación mundialista: cinco ahora, cuatro entonces. Aquel tramo, mayoritariamente bajo el mando de Jon Dahl Tomasson, dejó a la selección sin opciones de clasificación directa.
El daño estaba hecho cuando Potter asumió el cargo en octubre. No pudo evitar el desastre: último puesto de grupo, por detrás de Suiza, Kosovo y Eslovenia, sin una sola victoria en seis partidos. Un hundimiento.
Solo el ranking en la Uefa Nations League (34) mantuvo abierta una puerta: la repesca. Por ahí se coló Suecia. Y por ahí se agarró Potter para reconstruir su reputación.
El equipo eliminó a Ucrania y Polonia en los play-offs y se ganó el billete a este Mundial. El 5-1 a Túnez, en el estreno, refuerza la sensación de que no ha venido solo a rellenar un cuadro. Este grupo se ve en las eliminatorias. Y con motivos.
El técnico que se hizo sueco
Nada de esto estaba en los planes de Potter cuando empezó la temporada. Arrancó el curso como entrenador de West Ham y salió por la puerta de atrás a finales de septiembre, tras ganar solo seis de 23 partidos de Premier League. Antes, su etapa en Chelsea se había convertido en el ejemplo de un banquillo que le quedó enorme después de brillar en Brighton.
La presión en Inglaterra lo volvió hosco con los medios, a la defensiva. El contraste ahora es evidente.
En Suecia se le ve distinto. Más ligero. Casi en casa. No es casualidad: fue allí donde se forjó como entrenador, llevando al modesto Ostersunds FK desde la cuarta división hasta la élite, con una copa nacional y una histórica aventura europea como coronación.
Antes del torneo, lo explicó sin rodeos: se siente sueco.
“Me siento muy sueco cuando trabajo”, dijo. “Hasta parezco un poco sueco. Dos de mis hijos nacieron en Suecia. Tuve siete años inolvidables en Ostersunds, con recuerdos que se quedarán conmigo toda la vida. Llegué desde la cuarta categoría del fútbol sueco, que es bastante baja, y fui escalando hasta la Allsvenskan.
“Casi te vuelves sueco en el sentido del entrenador por las experiencias que tienes. Creo que sin duda me ha ayudado. Ahora trabajo para la federación sueca como seleccionador nacional, así que me siento muy sueco”.
Su cuenta de Instagram lleva tiempo contando esa historia en imágenes: paisajes, lagos, bosques, libros nórdicos, festivales. Un inglés enamorado del país. Pero el Potter de este Mundial no es un romántico perdido en la naturaleza. Es un técnico que ha afinado un plan.
Isak, Gyökeres y un ataque de lujo
La mejor noticia deportiva para Suecia tiene nombre y apellido: Alexander Isak. El delantero de Liverpool, tasado en 125 millones de libras, ha llegado sano y en forma. Y se ha enganchado de maravilla con Viktor Gyökeres, el ariete de Arsenal.
Los dos se asistieron mutuamente en sus goles. Una sociedad cara, sí, pero sobre todo temible. Si ambos se mantienen en este nivel, Suecia tiene un frente de ataque capaz de incomodar a cualquier defensa del torneo.
El país regresa al gran escenario después de perderse el Mundial de 2022 en Catar. Lo hace con un bloque que necesita ensamblarse rápido. Solo Victor Lindelöf sabe lo que es jugar esta competición; el portero Kristoffer Nordfeldt estuvo en Rusia 2018, pero sin minutos. La mayoría se estrena.
Ahí entra Potter. Debe juntar piezas, gestionar nervios y convertir talento disperso en un equipo fiable. El formato del torneo le da algo de margen: con esta goleada ya se coloca en una posición muy favorable para alcanzar los dieciseisavos de final.
Holanda espera, las dudas persisten
Túnez, rival número 56 del ranking mundial, no será la vara definitiva para medir a Suecia. El examen serio llega el sábado, contra Países Bajos (18:00 BST). Otro nivel. Otra presión. Otro tipo de partido.
“Nosotros solo nos centramos en lo que podemos hacer, en nuestras actuaciones”, apuntó Potter en la sala de prensa. “No importa lo que la gente piense desde fuera o las opiniones. Esa es la belleza del Mundial: todo el mundo tiene pronósticos y previsiones, pero nosotros tenemos que centrarnos en nuestro trabajo y en cómo jugamos como equipo. Nos enfrentaremos a otro gran equipo el fin de semana, uno de los favoritos para la competición”.
La historia sueca en los Mundiales tiene dos picos: los terceros puestos de 1958 y 1994. En el primero, el seleccionador también era inglés, George Raynor. En el segundo, el torneo se jugó en Estados Unidos, como ahora.
¿Buenos presagios para el técnico del sombrero? Por ahora, sí. Después de tanto ruido y tanta desconfianza, Potter ha recuperado algo más valioso que un resultado: la sensación de que vuelve a pertenecer a la élite. El siguiente paso dirá si este 5-1 fue un destello… o el inicio de algo mucho más grande.
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