balonmexicano full logo

Revolución silenciosa en Tottenham: el fin del 'Spursy'

Tottenham ha sobrevivido. Apenas. Dos puntos por encima del abismo del Championship, salvado en la última jornada y agarrado al giro de timón de Roberto De Zerbi, que exprimió 11 puntos en los últimos seis partidos. Ahora, el club ha decidido hacer algo que durante años esquivó: mirarse por dentro sin concesiones.

No se trata solo de cambiar futbolistas o entrenadores. En el norte de Londres han abierto una revisión interna profunda que va desde la cabeza de la estructura deportiva hasta el césped retráctil del Tottenham Hotspur Stadium. Nada queda fuera de examen. Ni siquiera la mente de los jugadores.

De Zerbi, salvador de emergencia y socio clave del nuevo proyecto

El cierre de temporada fue una ruleta rusa. Cuatro entrenadores en doce meses, un vestuario castigado físicamente, un equipo que coqueteó con el desastre. En medio del caos, De Zerbi encontró una línea, un plan y, sobre todo, puntos. Suficientes para evitar la caída.

Ese sprint final ha reforzado su figura en los despachos. Dentro del club se da por hecho que el italiano ya ha tejido una buena sintonía con Dan Lewindon, el nuevo director de rendimiento, fichado en febrero desde City Football Group. Sus conversaciones son constantes: cómo entrenar, cómo recuperar, cómo proteger mejor a los jugadores. Cómo acercarse, en definitiva, a los estándares de los grandes de Europa.

Mientras tanto, la silla de Johan Lange, director deportivo, tiembla. Su futuro está en seria duda tras un año desastroso, marcado por los cambios de banquillo y una planificación que no ha resistido el primer golpe serio. En el club no descartan relegarle a un rol de apoyo o transición ante la llegada de un nuevo director deportivo de máximo nivel.

Un parte médico interminable y un vestuario harto

Los números han sido demoledores. Tottenham ha sufrido más lesiones que cualquier otro club de la Premier League, muchas de ellas graves. La lista de bajas largas se ha convertido en rutina. Y dentro del vestuario ya no se calla nadie.

James Maddison, que acaba de reaparecer tras ver cómo una rotura parcial del ligamento cruzado anterior se convertía en rotura completa el verano pasado, lo dejó claro tras el triunfo ante Everton: el problema es estructural.

“Nuestra situación con las lesiones ha sido peor que la de cualquier otro club. La nuestra es astronómica, y tenemos que mirar por qué es así”, lanzó el centrocampista ante los micrófonos. No fue un calentón. Fue un diagnóstico.

Ese diagnóstico ya se está transformando en acción. Lewindon, que llegó tras cumplir su preaviso con City, se encontró un área médica y de rendimiento sacudida por la inestabilidad. Tras más de dos décadas de continuidad con Geoff Scott al frente de medicina y ciencia del deporte, el neozelandés se marchó en 2024 rumbo a Nottingham Forest. Sus sustitutos duraron poco: Adam Brett (director de rendimiento) y Nick Davies (jefe de ciencia del deporte) se fueron tras apenas un año.

El relevo más reciente fue Nick Stubbings, llegado el verano pasado desde Brentford como responsable médico del primer equipo masculino, siguiendo el camino que antes había tomado Thomas Frank y otros miembros del proyecto de los Bees. Pero el mando real del cambio ya es de Lewindon.

El laboratorio de Lewindon: ciencia, psicología y un modelo “en pods”

Con experiencia en fútbol, tenis y rugby de élite, Lewindon ha asumido la misión de cortar la sangría de lesiones que ha dejado a Tottenham con más de diez jugadores de baja en demasiados tramos de las últimas tres temporadas. No solo quiere menos lesionados. Quiere un sistema nuevo.

La idea pasa por transformar la gestión del día a día. Se estudia un modelo de trabajo en “pods”: grupos de cuatro a seis jugadores atendidos de forma integrada por un fisio y un científico del deporte dedicados casi en exclusiva a ese pequeño núcleo. Menos jugadores por profesional. Más conocimiento individual. Mejor toma de decisiones sobre cargas, entrenamientos y regresos.

Como un profesor con menos alumnos, la expectativa es clara: entender mejor a cada futbolista, su cuerpo, su posición, su contexto. Y acertar más.

Eso encaja con la visión de De Zerbi, que insiste en que el club debe conocer al jugador también fuera del césped: su entorno familiar, su personalidad, su forma de competir. Solo así, repite internamente, se puede exigir al máximo.

El césped, también bajo sospecha

La revisión no se queda en camillas y despachos. Llega al propio terreno de juego. El Tottenham Hotspur Stadium presume de uno de los sistemas más avanzados del mundo: un césped retráctil que se desliza bajo el fondo sur para dar paso a partidos de la NFL y conciertos. Tecnología punta… y ahora, sospechosa.

En los últimos años, el club ha sufrido cinco lesiones de ligamento cruzado anterior. Demasiadas para considerarlas solo mala suerte. Dentro de Tottenham se admite que el número es inasumible y que había que comprobar si la superficie tenía algo que ver.

Lewindon ya participa en una investigación específica sobre el comportamiento del césped del estadio. Los primeros test externos e independientes, realizados en días de partido, no han detectado diferencias significativas en bote y elasticidad respecto a los campos de entrenamiento de Hotspur Way. Pero el estudio continuará con análisis más profundos, a largo plazo, para descartar cualquier factor oculto.

Algunas lesiones, recuerdan en el club, son simplemente infortunios. Como las de Xavi Simons y Wilson Odobert. El caso de Xavi en Molineux fue revisado internamente: el jugador quería seguir, los fisios intervinieron, y la conclusión es que se actuó con la prudencia necesaria y sin agravar el daño. Pero una cosa es aceptar el azar, y otra resignarse a él.

La batalla mental contra el “Spursy”

Tottenham no solo pelea contra músculos y ligamentos. También contra una palabra que les persigue desde hace años: “Spursy”. Ese estigma de equipo que se derrumba cuando más se le necesita, que se autodestruye en el momento decisivo.

El club quiere atacar ese problema de frente. Lewindon ha sido clave en la decisión de contratar a un nuevo psicólogo principal, a tiempo completo, para trabajar con los jugadores y con el personal que los rodea. La idea es sencilla y ambiciosa a la vez: entrenar la mente con la misma seriedad con la que se entrena el físico.

De Zerbi, por su parte, se ve a sí mismo como una especie de psicólogo de campo. Lo ha demostrado en el tramo final de temporada: reuniones individuales frecuentes, mensajes de confianza, uso de vídeos con las mejores acciones de cada jugador, tanto con la camiseta de Spurs como en sus antiguos clubes. Recordarles quiénes son cuando el ruido exterior les dice lo contrario.

Esa doble vía —psicólogo especializado y entrenador con sensibilidad para el detalle emocional— pretende blindar al vestuario ante la presión de la élite y cortar de raíz el relato del “Spursy”.

Desconfianza médica, fichajes más “robustos” y el peaje de tantos entrenadores

Otro frente abierto es la relación entre los jugadores y el departamento médico del club. En ocasiones, algunos han preferido fiarse de los profesionales de sus anteriores equipos o de las selecciones nacionales. No es un caso aislado en el fútbol moderno, donde muchos futbolistas cuentan además con sus propios especialistas personales.

Tottenham quiere cambiar ese equilibrio. El objetivo no es excluir a nadie, sino coordinar a todos. Un único plan, consensuado por todas las partes implicadas, que evite mensajes cruzados y tratamientos contradictorios. Más confianza interna, menos ruido externo.

Cuando el informe de Lewindon esté completo, se esperan movimientos. Nuevas caras, nuevas ideas, mejor integración entre departamentos. Y un matiz clave: cambios en el perfil de fichajes. Más jugadores “robustos”, capaces de sostener el ritmo y la intensidad del estilo energético de De Zerbi sin romperse a la primera exigencia.

En los despachos también se asume otro factor incómodo: la altísima rotación de entrenadores ha pasado factura al físico del equipo. Cada técnico trae métodos, cargas y ritmos distintos. Algunos aprietan de más al llegar, los jugadores se esfuerzan por impresionar al nuevo jefe, y el cuerpo paga el precio. El resultado ha sido un cóctel de sobrecargas, recaídas y lesiones graves.

Un club en el filo: o cambia ahora, o vuelve a caer

Peter Charrington, presidente no ejecutivo, ya ha puesto por escrito la línea a seguir: modernizar la operación futbolística, con un foco especial en elevar los estándares médicos y de rendimiento. No es un eslogan. Es una necesidad.

Tottenham sabe que no puede permitirse otra temporada como la última. No con este estadio, no con este presupuesto, no con esta afición. Tener más jugadores disponibles para que De Zerbi elija no garantiza victorias, pero sin eso no hay proyecto que aguante.

Los resultados de esta revolución silenciosa no serán inmediatos. El club lo asume. Pero si el plan de Lewindon funciona, si la estructura se estabiliza, si la mente y el cuerpo dejan de ir por caminos opuestos, Spurs puede dejar de hablar de supervivencia y volver a hablar de ambición.

La pregunta es simple y brutal: ¿es este el punto de inflexión… o solo otro intento fallido en la larga lucha de Tottenham contra sí mismo?