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Robbie Keane y la polémica opción para el Celtic

Robbie Keane se ha colocado al frente de la carrera para convertirse en nuevo entrenador del Celtic, pero su nombre ha encendido una tormenta que va mucho más allá del fútbol. El máximo goleador histórico de la selección de Irlanda, que ya vivió un breve y exitoso préstamo en el club de Glasgow en 2010, mantiene conversaciones con el principal accionista del campeón escocés, Dermot Desmond. Sobre el papel, encaja. En la grada, el debate es feroz.

De héroe en préstamo a figura incómoda

En 2010, Keane aterrizó en Celtic como fichaje de impacto y respondió con goles. Aquel paso fugaz dejó buen recuerdo deportivo y la sensación de que, algún día, podría volver con un rol mayor.

Ese día parece acercarse. Pero el contexto es otro. Y el Celtic de 2026 no es inmune a la política ni a la geopolítica.

El gran punto de fricción no está en el banquillo, sino en Israel. La decisión de Keane de permanecer en Maccabi Tel Aviv tras el estallido del conflicto en Gaza provocó críticas en Irlanda y rompió la imagen de consenso que tenía entre una parte de la afición del Celtic. Lo que para él fue una cuestión de responsabilidad profesional, para muchos hinchas choca frontalmente con la identidad histórica del club.

Banderas, pancartas y un mensaje claro

Durante todo el conflicto, los aficionados del Celtic han llenado las gradas con banderas palestinas. No es un gesto aislado: forma parte de una tradición de solidaridad política muy arraigada en el club.

En los últimos días, esa postura ha tomado forma en las calles. Graffitis y pancartas contra la posible llegada de Keane han aparecido en los alrededores del estadio del Celtic en Glasgow. El mensaje es directo: no lo quieren en el banquillo.

Un grupo que se presenta como “Celtic Fans for the Liberation of Palestine” emitió un comunicado en el que advertía de que su contratación “sería profundamente divisiva entre la afición”. La cuenta “North Curve Celtic” en X publicó una lista de 67 grupos que respaldan ese texto, una cifra que refleja la amplitud del rechazo organizado.

“Los aficionados del Celtic tienen una larga y orgullosa historia de solidaridad con el pueblo palestino”, afirma el comunicado. Y va más allá: “Para nosotros, la decisión de Robbie Keane de dirigir a Maccabi Tel Aviv durante el genocidio en Gaza es imposible de ignorar”.

El tono se endurece al recordar el contexto geográfico y humano: “Elegir dirigir a un club en Israel mientras, a menos de 40 millas, el mismo país utilizaba armas indiscriminadas de asesinato masivo contra personas indefensas es inconcebible”.

El texto conecta esa crítica con los orígenes del propio club: “El Celtic fue fundado por una comunidad marcada por el legado de genocidio, desplazamiento y hambruna. Las raíces de nuestro club se encuentran en la solidaridad con quienes sufrieron injusticia y opresión”. La conclusión es una petición directa al consejo de administración: “Instamos a la directiva del Celtic a escuchar las preocupaciones de los aficionados y reconsiderar este nombramiento”.

La versión de Keane y su trayectoria reciente

Keane asumió el cargo en Maccabi en junio de 2023, meses antes de los ataques liderados por Hamas del 7 de octubre que desencadenaron la ofensiva israelí sobre Gaza. No llegó, por tanto, en pleno conflicto, pero decidió quedarse durante toda la temporada.

Deportivamente, el rendimiento fue impecable: guio al club al doblete de liga y copa antes de dimitir en 2024 y dar el salto al Ferencvaros húngaro en 2025. Su currículum como entrenador, todavía corto, se apoya en ese éxito inmediato.

Keane ha explicado que una de las razones para no abandonar Israel a mitad de curso fue su responsabilidad con el equipo de trabajo que llevó con él. “Tengo un deber de cuidado”, dijo. Puso un ejemplo concreto: “Mi analista, por ejemplo, estuvo 12 años en Middlesbrough. Que viniera conmigo a Israel y que yo simplemente me marchara, dejándolo a él y a su familia…”. Para el irlandés, marcharse de forma abrupta habría significado traicionar a su propio staff.

Sus palabras, sin embargo, chocan con la sensibilidad de una parte de la hinchada del Celtic, que no separa el plano profesional del contexto político y humanitario.

Un campeón en transición… y bajo presión

Mientras tanto, el club vive un cambio de ciclo. Martin O’Neill, de 74 años, tomó las riendas de forma interina y condujo al Celtic al título de la Scottish Premiership en la última jornada de la temporada, además de levantar la Scottish Cup. Un cierre brillante para un técnico de leyenda, pero sin vocación de continuidad.

La directiva, por tanto, busca un entrenador capaz de sostener el dominio doméstico y devolver al equipo a noches europeas de peso. Keane, con su pasado en el club y su nombre de gran figura irlandesa, parecía una apuesta lógica sobre el papel.

Ahora, cada paso en las negociaciones con Dermot Desmond queda bajo la lupa de una afición movilizada, que entiende el banquillo del Celtic como algo más que un puesto de trabajo: un símbolo.

El club se encuentra ante una decisión incómoda. Si avanza con Keane, asumirá una fractura interna evidente. Si retrocede, enviará un mensaje poderoso sobre el peso de la militancia política en la identidad del Celtic.

En Glasgow, el campeón de Escocia no solo está eligiendo a su próximo entrenador. Está decidiendo qué significa hoy ser el Celtic.