balonmexicano full logo

Southampton avanza a Wembley pero enfrenta el escándalo del spygate

Southampton ya tiene billete para Wembley. Lo decidió un latigazo de Shea Charles en el minuto 116, un centro-chut que se coló y desató la locura en St Mary’s, sellando el pase a la final del playoff de Championship del 23 de mayo ante Hull. Pero la celebración llega contaminada: el club avanza deportivamente mientras espera el veredicto de una comisión disciplinaria independiente por dos presuntas infracciones del reglamento de la English Football League.

La noche, que debía ser puramente futbolística, se convirtió en algo mucho más tenso. El césped vibró con la emoción del tiempo extra, pero el ruido más fuerte venía de fuera del balón.

Un pase a la final… y un escándalo en la mochila

Tonda Eckert, técnico de Southampton, no escondió la incomodidad. Admitió que todo el caso ha “ensombrecido” la eliminatoria. El alemán, de 33 años, se movió en una delgada línea: quiso mostrar firmeza, pero sin traspasar los límites de una investigación aún abierta.

“Estamos tomando el asunto muy en serio”, insistió, repitiendo una y otra vez la misma idea: no puede decir más porque el proceso sigue en marcha. Cada vez que se le pidió más detalle, volvió al mismo punto. Investigación en curso. Silencio obligado. Incómodo, pero firme en el mensaje.

Mientras tanto, en el otro banquillo, la temperatura emocional era muy distinta.

Hellberg, indignado: “Rompe mi corazón”

Kim Hellberg salió del partido mucho más que derrotado. Salió herido. El entrenador de Middlesbrough calificó el comportamiento de Southampton de “vergonzoso” y dejó claro que, para su club, una simple multa económica no bastaría como castigo.

La tensión llegó a la banda. Tras una queja de Luke Ayling por un presunto comentario discriminatorio del capitán de Southampton, Taylor Harwood-Bellis, se produjo un momento de alta carga entre los banquillos. Eckert pareció encararse con Hellberg, pero el cuarto árbitro, Tom Nield, se interpuso antes de que la situación escalara. Después, el sueco restó importancia al encontronazo entre técnicos, pero el malestar ya estaba expuesto.

Lo que Hellberg no rebajó en ningún momento fue su postura sobre el llamado “spygate”. Cuando un periodista utilizó la palabra “supuesto” para referirse al incidente en la ciudad deportiva de Middlesbrough, Rockliffe Park, el entrenador le frenó en seco. Boro está convencido de lo que vio.

El club sostiene que sorprendió a un analista escondido al inicio de una sesión, grabando y registrando el entrenamiento. Para Hellberg, no es un matiz, es una traición a la esencia de su trabajo.

“Si no hubiéramos pillado a ese hombre al que enviaron, cinco horas de coche, ustedes estarían aquí diciendo ‘muy bien’ por los aspectos tácticos del partido y yo me iría a casa sintiendo que he fallado en ayudar a mis jugadores”, expuso, dibujando el escenario que, según él, se habría impuesto sin ese descubrimiento.

Luego fue más allá. Describió el impacto personal del episodio: alguien que decide no limitarse a analizar partidos, sino mandar a una persona a filmar una sesión secreta, cambiarse de ropa, tratar de no ser detectado. “Rompe mi corazón”, dijo, porque choca frontalmente con todo lo que afirma creer sobre el juego y la competición. Y remató con un mensaje directo: no le importa si en otros países se manejan otras normas; para él, la línea es clara.

Silencios, distancias y una final en el horizonte

Hellberg también reveló que no ha hablado con Eckert sobre el caso. Ni una palabra. Ni intención de tenerla. “No tengo nada que decirle… ¿qué debería decirle?”, lanzó, dejando en el aire una ruptura total entre los dos cuerpos técnicos.

Mientras Boro se queda fuera de Wembley con un profundo resentimiento, Southampton se prepara para una final que ya no es solo deportiva. El club ha alcanzado el partido que todos desean, pero lo hace con un expediente abierto y la amenaza de sanción sobre la mesa.

La pregunta ya no es solo si estará a la altura en el césped de Wembley ante Hull. Es otra, más incómoda: cuando todo esto termine, ¿de qué se hablará más, del gol de Shea Charles en el 116 o del hombre que, según Middlesbrough, nunca debió estar grabando en Rockliffe Park?