Argentina cierra su preparación con un sólido 3-0 ante Islandia
Lionel Messi necesitó apenas un toque para recordar por qué sigue siendo el centro del universo albiceleste. Entró desde el banquillo, provocó un penalti en su primera intervención y lo transformó con su firma inconfundible para encaminar el 3-0 de Argentina sobre Islandia en Auburn, en el estado de Alabama, en el último amistoso antes del Mundial.
Un regreso calculado, una influencia inmediata
Messi, de 38 años, venía entre algodones. No había jugado el primer amistoso frente a Honduras, todavía con molestias en el isquiotibial izquierdo que lo obligaron a dejar antes de tiempo el último partido de Inter Miami antes del parón mundialista, el 24 de mayo. En Auburn, Lionel Scaloni eligió la cautela: lo dejó en el banquillo hasta el minuto 70.
El estadio, con capacidad para 88.000 espectadores, llevaba rato pidiéndolo. Cuando por fin cruzó la línea de cal, el partido cambió de tono. No necesitó adaptación. No necesitó ritmo. Necesitó un pase.
Su primer toque fue un envío profundo para Lautaro Martínez. El delantero atacó el espacio, llegó antes al balón y fue derribado por el guardameta Elias Olafsson. Penalti claro. Messi tomó la pelota, respiró y la colgó en el ángulo, alta, imposible. Gol número 117 con la selección. Otro registro que alimenta una carrera que ya desafía cualquier estadística.
Con su presencia confirmada para el Mundial, el capitán se prepara para escribir otro capítulo histórico: igualará a Cristiano Ronaldo como el único futbolista en disputar seis Copas del Mundo.
Scaloni prueba, Argentina responde
La noche empezó con laboratorio y terminó con certezas. Scaloni apostó por un once experimental y dejó de inicio a varios pesos pesados en el banco: además de Messi, también esperaron su turno Julián Álvarez, Enzo Fernández y Alexis Mac Allister.
El ensayo, sin embargo, estuvo a punto de complicarse de entrada. Islandia dispuso de una ocasión clarísima en los primeros minutos: Mikael Egill Ellertsson se encontró con el arco abierto, pero su remate salió por encima del travesaño. Fue un aviso serio.
Argentina reaccionó con contundencia. En una acción embarullada dentro del área islandesa, la defensa apenas logró despejar y el balón cayó en los pies de Valentin Barco, defensor del Strasbourg. Control, remate cruzado y gol al rincón. 1-0 y respiro para un equipo que todavía buscaba acomodarse.
Nico Paz tuvo en sus botas la opción de ampliar la ventaja antes del descanso. Aprovechó un espacio frontal, sacó un disparo potente, pero se topó de lleno con el rostro de Olafsson, que evitó el segundo tanto a puro reflejo. El mediapunta no terminó de capitalizar la oportunidad de lucirse en la ausencia inicial de Messi.
Cambios, postes y la entrada del capitán
El descanso trajo movimiento en la banda argentina. Entre los cinco cambios, ingresaron Enzo Fernández y Alexis Mac Allister para tomar el mando del mediocampo. También entró Lautaro Martínez, que se convirtió rápidamente en la referencia ofensiva.
El delantero del Inter encontró ocasiones de sobra. Dos veces estrelló la pelota en el poste cuando parecía más fácil celebrar que lamentarse. Argentina dominaba, llegaba, pero no sentenciaba. Islandia se mantenía en partido casi por inercia.
La sensación en la grada era evidente: faltaba alguien. El murmullo se transformó en rugido cuando el cuarto árbitro levantó el cartel con el número de Messi. El amistoso dejó de ser un simple ensayo y se convirtió en el escenario de su reaparición mundialista.
El penalti y el 2-0 calmaron cualquier duda. Pero el capitán todavía tenía una pincelada más.
En la recta final, Messi recibió, giró y filtró otro pase, esta vez hacia Rodrigo De Paul. El mediocampista llegó al fondo y sirvió el gol en bandeja a Thiago Almada, que sólo tuvo que empujarla para firmar el 3-0. Una jugada simple, directa, con la marca registrada de esta Argentina: Messi inventa, el equipo ejecuta.
Islandia, perdón y castigo; Irak tropieza ante Venezuela
Islandia se marchó con la sensación de haber desperdiciado su momento. El fallo inicial de Ellertsson abrió la puerta a una Argentina que, una vez por delante, rara vez concede segundas oportunidades. El conjunto europeo resistió mientras pudo, pero acabó desbordado por la calidad y la profundidad del plantel sudamericano.
A varios kilómetros de Auburn, otra selección mundialista salió del último amistoso con un sabor muy distinto. En Bridgeville, Illinois, Irak cayó 2-0 frente a Venezuela en su última prueba antes de regresar a un Mundial tras 40 años de ausencia.
El partido se torció pronto para los asiáticos. Cristian Casseres abrió el marcador en el minuto 17 con una definición corta dentro del área, fruto de la presión venezolana. Justo después del descanso, el propio Casseres volvió a ser decisivo: robó el balón, habilitó a Jesús Ramírez y el delantero se encargó del resto, dejó atrás a un defensor y fusiló con un disparo potente para el 2-0.
La noche terminó peor aún para Irak. En el minuto 72, el delantero Ali Youssef vio la tarjeta roja directa y dejó a su equipo con diez hombres, sin margen para una reacción que ya parecía lejana.
Irak afrontará ahora un desafío mayúsculo: vuelve a una Copa del Mundo por primera vez desde su única participación hace cuatro décadas y debutará en el Grupo I ante Noruega el 17 de junio, antes de medirse con Francia y Senegal.
Argentina, en cambio, aterriza en el Mundial con lo que buscaba: la victoria, la portería a cero, el equipo sano y Messi de vuelta, decisivo, como si el tiempo no pasara. La pregunta ya no es si llegará. Es cuánto más puede ganar con una última Copa del Mundo en el horizonte.
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