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Christian Eriksen: esperanza tras el susto en amistoso

Christian Eriksen está a un paso de abandonar el hospital. Veinticuatro horas después de volver a encender todas las alarmas, Dinamarca respira algo más tranquila.

El domingo, en el minuto 65 del amistoso ante Ucrania en el Odense Stadium, las cámaras de televisión captaron al centrocampista llevándose la mano al pecho. Gesto de dolor, rostro desencajado. El árbitro detuvo el juego de inmediato. En cuestión de segundos, la preocupación se convirtió en pánico. El partido, que Dinamarca ganaba 2-1 en el Nature Energy Park, se suspendió poco después.

La imagen golpeó de lleno a la memoria colectiva del fútbol europeo. Eriksen, el mismo futbolista que en la Eurocopa 2020 sufrió una parada cardiaca en Parken Stadium ante Finlandia, tirado sobre el césped mientras sus compañeros formaban un círculo de protección y el mundo contenía la respiración. Entonces necesitó reanimación cardiopulmonar (RCP) y, días más tarde, se le implantó un desfibrilador automático (ICD) para poder continuar su carrera.

El domingo, el miedo volvió sin avisar.

Esta vez, sin embargo, el desenlace inmediato ha sido menos dramático. La Federación Danesa (DBU) informó ya el mismo día de que el jugador estaba “consciente y en buen estado”. Y este lunes llegó un mensaje aún más tranquilizador desde el corazón mismo del cuerpo médico de la selección.

“Esta mañana he hablado con Christian y se encuentra bien. Está con su familia y de buen ánimo”, explicó el doctor Morten Boesen en un comunicado de la DBU. “La expectativa es que pronto pueda recibir el alta y volver a casa. Estamos cuidando bien de los jugadores y del cuerpo técnico y mantenemos un contacto regular con ellos”.

Boesen, el mismo médico que vivió en primera línea el colapso de Eriksen hace cinco años, confirmó que el centrocampista permanece en el hospital para someterse a más pruebas. El episodio del domingo incluyó un momento en el que el jugador llegó a perder brevemente el conocimiento, un detalle que refuerza la necesidad de un estudio exhaustivo pese a la buena evolución inicial.

En el césped, el impacto fue inmediato. El seleccionador Brian Riemer confesó que, desde que vio caer a su estrella, el fútbol dejó de tener sentido.

“Christian Eriksen saludó con la mano a sus compañeros cuando abandonó el campo”, relató el técnico. Ese gesto, sencillo pero cargado de significado, alivió ligeramente el ambiente. “Unos minutos antes de que se sintiera mal, había tenido un rifirrafe con Ruslan Malinovskyi y pensé que por eso estaba tan afectado, pero me equivocaba. Desde ese momento, ni yo ni los jugadores sobre el campo podíamos seguir con el partido”.

La escena lo explica todo: un vestuario paralizado, un estadio en silencio y la historia de 2020 proyectándose de nuevo sobre el cielo gris de Odense.

Eriksen, hoy con 34 años, ha construido desde aquel verano una de las historias de resiliencia más potentes del fútbol moderno. Regresó a la élite, volvió a la Premier League, se convirtió otra vez en el cerebro de Dinamarca y en símbolo de superación para medio planeta. Por eso cada gesto, cada mano al pecho, cada caída, se vive como un sobresalto global.

Ahora, el foco está en las pruebas médicas y en la evolución del jugador, no en el marcador de un amistoso suspendido. La noticia, por el momento, es que está consciente, estable, acompañado por su familia y, según su médico, de buen ánimo.

Para un país que ya vio detenerse el corazón de su 10 una vez, eso, hoy, vale más que cualquier gol.