Declan Rice y su camino al Balón de Oro con Arsenal
El Emirates se rindió ante Declan Rice mucho antes de que la Premier League volviera, 22 años después, al norte de Londres. Pero el centrocampista inglés ha llevado su impacto a un terreno que va más allá de los festejos locales: ya se le menciona como posible candidato al Balón de Oro de 2026.
La idea no es descabellada. Rice se ha convertido en el metrónomo del equipo de Mikel Arteta, el hombre que equilibra, barre, inicia y sostiene. Desde que Arsenal pagó por él 105 millones de libras en 2023, una cifra récord en el fútbol británico en ese momento, el ex canterano de West Ham apenas se ha bajado del once. Con él en el corazón del campo, el equipo dio el salto definitivo hacia el título.
No ha sido solo una pieza más. Ha sido una de las últimas en encajar en un rompecabezas que llevaba años incompleto. El resultado: un Arsenal campeón y un Rice instalado en la élite del fútbol europeo.
El espejo de Gerrard y el techo del Balón de Oro
El ruido en torno a su posible candidatura al Balón de Oro ha crecido, pero no todos compran aún ese discurso. Robbie Fowler, leyenda de la selección inglesa y de Liverpool, lo deja claro cuando se le pregunta si Rice está preparado para pelear cada año por el galardón individual más prestigioso.
“Me gusta Declan Rice”, arranca. Y a partir de ahí traza la comparación inevitable: Steven Gerrard. Para Fowler, el mediocentro de Arsenal todavía mira hacia arriba cuando se habla del ex capitán de Inglaterra y mito de Anfield.
El ex delantero explica que Rice, desde su llegada a Arsenal, se ha convertido en un futbolista más completo, más pulido, más influyente. Pero marca una línea: aún no está en el nivel de Gerrard. Y recuerda un dato contundente: ni siquiera Gerrard, con todo lo que fue, logró ganar el Balón de Oro, pese a terminar tercero en la votación de 2005.
Fowler no cuestiona el talento ni la temporada de Rice. Reconoce que ha sido “genial” para Arsenal, que ha subido un peldaño desde su fichaje. Pero insiste: para entrar de lleno en la conversación seria por el Balón de Oro, necesita subir otro más. Su mensaje no suena a crítica gratuita, sino a exigencia para un jugador al que considera “fantástico”, pero todavía fuera del “reino” de los candidatos reales al premio.
Los hechos, por ahora, le dan cierto respaldo. En la votación del Balón de Oro 2025, Rice terminó en el puesto 27. Un lugar discreto para alguien de su impacto, aunque también es cierto que en ese curso no levantó grandes trofeos con Arsenal antes de que se cerrara el periodo de evaluación.
Un título en la mochila y una espina clavada
Ese matiz ha cambiado. Rice ya sabe lo que es levantar la Premier League con Arsenal y estuvo a un paso de firmar un doblete histórico. El equipo rozó un segundo gran título que habría elevado aún más el peso de su candidatura individual y el relato alrededor de su figura.
No lo logró. Y esa pequeña herida deportiva puede convertirse en combustible. El centrocampista ha demostrado que no se esconde en los días grandes y que su influencia no se mide solo en estadísticas brillantes, sino en la sensación de control que aporta a su equipo.
Ahora su horizonte inmediato ya no está en Londres, sino al otro lado del Atlántico.
Inglaterra, 60 años de espera y un posible talismán
Inglaterra lleva seis décadas sin un título absoluto que celebrar. Sesenta años de frustraciones, generaciones perdidas y promesas incumplidas. En ese contexto, Rice aparece como una figura central para las aspiraciones de los Three Lions en suelo norteamericano este verano.
Su papel será el mismo que en Arsenal: sostener, ordenar, dar sentido a un equipo cargado de talento ofensivo. Si Inglaterra rompe al fin su maldición y se proclama campeona del mundo, el impacto sobre la reputación internacional de Rice será inmediato. Un título global con la selección dispararía su nombre en la lista de candidatos al Balón de Oro y compensaría, en parte, el dolor de no haber podido coronarse en una final de Champions con su club.
No sería solo un premio a su rendimiento. Sería la confirmación de lo que muchos ya intuyen: que está destinado a llevar el brazalete de capitán de su país más pronto que tarde.
Un reto a la altura de su carácter
Rice, nacido en Kingston upon Thames, no se engaña. Sabe que, a día de hoy, no puede ponerse al lado de Gerrard en la discusión sobre talento e impacto histórico. Lo asume. Pero también deja claro, con su manera de competir, que su objetivo es llegar a ese nivel.
Nunca ha sido de los que se apartan ante un reto grande. Ni cuando dejó la comodidad de West Ham para lanzarse al vértigo de un Arsenal que exigía títulos, ni ahora, con el foco mundial sobre él y con la palabra “Balón de Oro” flotando en el ambiente.
El camino es largo, el listón está altísimo y las comparaciones con Gerrard pesan. Pero si Inglaterra rompe su sequía y Arsenal mantiene la línea ganadora, ¿quién se atreverá entonces a decir que Declan Rice no está preparado para entrar en la conversación de los mejores del planeta?
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