Francia gana 4-1 a Noruega sin Deschamps
La goleada de Francia a Noruega en la fase de grupos del Mundial 2026 quedará registrada por el 4-1, por el hat-trick fulminante de Ousmane Dembélé y por el pleno de victorias de los vigentes subcampeones del mundo. Pero el partido tuvo un tono mucho más sombrío: Didier Deschamps no estuvo en el banquillo tras el fallecimiento de su madre.
El seleccionador, en el cargo desde 2012, vivió a distancia una de esas noches que mezclan dolor personal y exhibición colectiva. Su equipo respondió como suelen hacerlo los grandes vestuarios: compitiendo con una seriedad implacable.
Luto sin brazaletes
La Federación Francesa de Fútbol había planeado un gesto sencillo y contundente: brazaletes negros en memoria de la madre de Deschamps. Un detalle clásico, discreto, asumido en casi todos los escenarios del fútbol moderno. Pero, según informó la periodista Amy Lawrence, FIFA rechazó la petición.
El intento de homenaje se enredó todavía más antes del inicio del encuentro. La FFF comunicó a los periodistas que se guardaría un minuto de silencio en honor a la madre del seleccionador. Poco después tuvo que rectificar: el minuto de silencio estaba dedicado a las víctimas del devastador terremoto en Venezuela, según había trasladado FIFA.
Entre el protocolo, las correcciones y los matices, el recuerdo a Deschamps quedó diluido en lo formal, aunque no en el vestuario. El mensaje, allí dentro, era evidente: ganar por él.
Guy Stéphan toma el mando y Francia responde
Sin su líder habitual, el peso de la dirección recayó en Guy Stéphan, asistente de confianza de Deschamps desde hace años. El cambio en la banda no alteró la jerarquía sobre el césped. Francia salió como un aspirante declarado al título: intensa, vertical, despiadada.
El equipo no solo ganó. Arrolló. El 4-1 ante Noruega rubricó una fase de grupos perfecta: tres partidos, tres victorias, autoridad de candidato y una sensación de control que pocos pueden exhibir en un torneo de este calibre.
Kylian Mbappé, uno de los grandes favoritos a la Bota de Oro, volvió a ser foco constante de atención, pero el protagonismo se lo llevó otro. Dembélé, vigente Balón de Oro, firmó un hat-trick histórico: el segundo más rápido en la historia de los Mundiales. Un estallido de talento que destrozó cualquier resistencia noruega y confirmó el momento de forma del extremo francés.
Cuando un jugador así entra en combustión, el partido se rompe. Y Noruega lo sufrió en primera persona.
Un gigante a toda máquina
El 4-1 no solo engorda la diferencia de goles ni sirve como simple estadística. Refuerza la idea de que Francia ha llegado a este Mundial con una mezcla peligrosa para cualquiera: memoria reciente de éxito —campeona en 2018, finalista en 2022— y una generación de estrellas en plena madurez competitiva.
Con Mbappé y Dembélé peleando por la Bota de Oro y una plantilla acostumbrada a los grandes escenarios, el equipo francés se mueve con naturalidad en el papel de favorito. Incluso en una noche en la que su seleccionador, figura central de la última década del fútbol francés, no pudo estar presente.
El triunfo les otorga un cruce, en apariencia, amable: se medirán a una selección que terminó tercera de su grupo, en el MetLife Stadium de New Jersey, el martes. Sobre el papel, una recompensa al pleno de victorias. En la práctica, un nuevo examen de madurez.
Francia llega lanzada, con un vestuario que juega por su técnico ausente y un ataque que intimida a cualquiera. La pregunta, a estas alturas, ya no es si puede ganar el Mundial. Es quién se atreve a pararla cuando juega así, incluso en medio del duelo.
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