Inglaterra se prepara para enfrentar a Panamá tras el empate con Ghana
En un mundo ideal, el único quebradero de cabeza antes de que Inglaterra se mida a Panamá sería decidir si darle descanso a Harry Kane o dejar que el capitán aproveche un partido teóricamente plácido ante la cuarta cabeza de serie del Grupo L para seguir el ritmo de Lionel Messi, Erling Haaland, Kylian Mbappé y el resto de aspirantes a la Bota de Oro.
Pero ese plan saltó por los aires en Nueva Jersey. El 0-0 contra Ghana, el martes, borró cualquier opción de rotación masiva y de cerrar el grupo con una jornada de margen. Inglaterra no aseguró el primer puesto, y Thomas Tuchel se ha quedado con un calendario despiadado –cuatro partidos en 13 días si llegan lejos– y un dilema que no admite soluciones cómodas. Este era, en teoría, el día que Ollie Watkins e Ivan Toney habían subrayado en rojo como la ocasión perfecta para que Kane se sentara en el banquillo. Ya no lo es.
El seleccionador tendrá que mover piezas esta noche de sábado, le guste o no. Algunas modificaciones serán obligadas. Declan Rice está a una tarjeta de la sanción y acabó el duelo ante Ghana con un vendaje llamativo en el gemelo izquierdo. Aún más dañina es la baja de Reece James, fuera al menos dos partidos por una lesión de isquiotibiales. Un golpe serio en una zona sensible del plan de Tuchel: el ataque por bandas contra bloques bajos.
Era un riesgo anunciado. James arrastra un largo historial de problemas musculares –se perdió casi dos meses al final de la temporada– y las apuestas de Tuchel en defensa empiezan a volverse en su contra. Solo incluyó a tres laterales de perfil ofensivo en la convocatoria. Tino Livramento, también frágil físicamente, ya abandonó la concentración y fue reemplazado por un central, Trevoh Chalobah. De pronto, la responsabilidad de dar vuelo a los extremos recae sobre los jóvenes hombros de Nico O’Reilly. Las alternativas a James en el lateral derecho son Ezri Konsa, Jarell Quansah y Djed Spence; ninguno se siente un atacante natural. La decisión de prescindir de Trent Alexander-Arnold va a ser revisada con lupa.
Lo que podía haber sido un examen rutinario ante Panamá llega ahora con otra temperatura. El peaje del empate ante Ghana es claro: Inglaterra no puede levantar el pie.
¿Siguen Kane y Jude Bellingham en el once? Algunos de los intocables tendrán que sostener el plan. Tuchel no quiere ni oír hablar de un segundo puesto que complique el camino en las eliminatorias, y siente que el equipo necesita recuperar impulso tras repetir un patrón ya conocido: triunfo convincente ante Croacia, tropiezo en el segundo partido de un gran torneo.
No hay pánico en el discurso del técnico, pero sí una certeza: Inglaterra debe mejorar contra los bloques bajos. El duelo ante el 4-5-1 compacto de Ghana fue un suplicio, y todo apunta a otra prueba de paciencia frente a Panamá. El equipo de Thomas Christiansen ya está eliminado tras dos derrotas por 1-0 ante Ghana y Croacia, pero ha sido un rival incómodo en ambos encuentros y dista mucho de aquel conjunto desbordado por 6-1 por Inglaterra en el Mundial de 2018.
Tuchel se prepara para una noche áspera ante un adversario cuyo sistema de cinco atrás se convierte por momentos en una línea de seis o incluso siete hombres. Sabe que esta Inglaterra ha ofrecido algunas de sus actuaciones más pobres cuando el rival se encierra. Brilló cuando tuvo espacios ante Croacia, Serbia y Gales, pero la memoria se va también a aquellos partidos espesos contra Andorra, Albania o Letonia en la fase de clasificación. Ghana volvió a encarnar ese tipo de rival: duro, disciplinado, orgulloso en el sufrimiento. Thomas Partey se pegó a Kane y desactivó su tendencia a bajar a recibir. Las cifras hablan solas: el capitán se quedó en 19 toques de balón y solo intercambió tres pases con Bellingham. Inglaterra amasó un 78,8% de posesión y no probó portería hasta la segunda parte.
El antídoto definitivo contra el bloque bajo se le sigue escapando a Tuchel. Él mismo lo admite. No existe aún esa fórmula mágica de “si ellos hacen esto, nosotros respondemos así y el problema se acaba”. Su idea es clara: una Inglaterra que controle, que ataque con patrones bien trabajados, que genere superioridades en zonas clave y acelere cuando detecta la ventaja. El problema es que, contra Ghana, no hubo tales superioridades. Y el técnico asume que contra Panamá puede repetirse la historia.
La conclusión es evidente: hará falta más riesgo con balón. Sin caer en la trampa de desordenarse y permitir que Panamá rompa el ritmo. Bellingham acabó irritado ante Ghana, cayó en una falta innecesaria justo antes del descanso y simbolizó la frustración de un equipo que chocaba una y otra vez contra el muro.
Inglaterra necesita mantener la intensidad y empujar desde atrás. Los centrales deben atreverse más a romper líneas con conducción y pase. La entrada de Kobbie Mainoo por Rice, si se confirma, puede dar soluciones en espacios reducidos en la medular. Los extremos, por su parte, están obligados a encarar a sus laterales y ganar duelos individuales. Tuchel confía en que Bukayo Saka esté listo para recuperar la banda derecha en lugar de Noni Madueke. En la izquierda, Anthony Gordon ha ofrecido poco y podría dejar su sitio a Marcus Rashford. Otra vía sería apostar por Eberechi Eze o Morgan Rogers, con tendencia a moverse hacia dentro para asociarse. Bellingham pidió la pelota una y otra vez ante Ghana, pero no le encontraron lo suficiente.
El técnico reconoce que las conexiones por la izquierda se han diluido desde aquel amistoso ante Costa Rica, cuando Gordon y Nico O’Reilly parecían haber resuelto el rompecabezas de ese costado. Entonces pensó que el flanco zurdo estaba “cerrado”. Dos partidos oficiales después, la realidad es otra: menos profundidad, menos verticalidad, menos amenaza.
La entrada de Spence, diestro, como lateral izquierdo ante Ghana no mejoró el panorama. Ofreció poco con balón tras sustituir a un O’Reilly mucho más ofensivo. Rashford no apareció hasta el minuto 83 y todavía no ha demostrado que pueda ser decisivo desde el inicio. Tuchel, no obstante, lo mantiene en la lista de candidatos para arrancar ante Panamá, aunque lanza un mensaje claro: la banda izquierda, en su conjunto, tiene que generar mucho más peligro.
El foco del entrenador no está en las individualidades, sino en el engranaje. Habla de animar a sus jugadores a disfrutar de los “uno contra uno”, pero advierte de que Panamá va a resistir cualquier intento de crear superioridades numéricas. Acelerar el partido contra un bloque tan bajo es una tarea ingrata. Hace falta ese momento de calidad, un centro preciso, una llegada agresiva al remate. También más tiros desde fuera del área, buscar un desvío, un rebote, forzar el gol casi a empujones.
Tuchel, pese a todo, mantiene la perspectiva. Insiste en que nadie va a disfrutar enfrentándose a la Ghana de Carlos Queiroz. Conoce bien ese tipo de partidos de fase de grupos en la Champions League: rivales que celebran cada duelo ganado, cada contraataque montado, que cruzan la línea del centro del campo como si hubieran marcado. Ghana festejó el 0-0 como un triunfo. Y, en su plan, lo fue.
Inglaterra se exige mucho más. El equipo llegará al duelo ante Panamá bajo presión para convencer, para soltar las piernas y la mente antes de los cruces. El torneo no espera a nadie. Tuchel tiene que encontrar, de una vez, la forma de quitar el freno de mano.
Podría interesarte

Dembélé brilla en el duelo Francia-Noruega mientras Haaland observa

Inglaterra se prepara para enfrentar a Panamá tras el empate con Ghana

Tuchel se aferra a su plan con los laterales a pesar de la ausencia de Reece James

Jordan Bos, la nueva estrella de los Socceroos en el Mundial

Solbakken defiende su decisión tras la derrota ante Francia

Cristiano Ronaldo y el momento incómodo de Camila Cabello