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Inglaterra busca el título con Tuchel al mando

Inglaterra llega a su 17ª Copa del Mundo con una sensación clara: ya no basta con competir, toca ganar. Después del ciclo de Gareth Southgate, que llevó al equipo a rondar el título sin alcanzarlo, la federación ha apostado por un especialista en noches grandes: Thomas Tuchel, campeón de Champions y acostumbrado a gestionar vestuarios llenos de estrellas y presión.

El bloque inglés está bien equilibrado, con una columna vertebral que mezcla oficio, físico y talento. Pocas piezas simbolizan mejor esa idea que Declan Rice, centrocampista total, capaz de sostener al equipo sin perder claridad con el balón. El reto no es de nombres, sino de carácter: esta Inglaterra no puede volver a quedarse atrapada en el miedo a perder cuando llegue el momento de arriesgar para ganar.

En el centro de todo aparece Harry Kane. El delantero del Bayern München, máximo goleador histórico de su selección, llega en uno de los mejores momentos de su carrera, con el aura de “9” dominante a nivel mundial y ocho goles ya en Copas del Mundo. Es el faro, el ejecutor y, muchas veces, el termómetro emocional de un equipo que sabe que, si le alimenta en el área, el gol casi siempre cae de su lado. Inglaterra persigue su segundo título desde aquel 1966 que todavía marca el relato del país. Con Tuchel en el banquillo, ya no hay excusas.

Croacia: la última gran batalla de una generación

Croacia afronta su séptima participación mundialista con una mezcla de nostalgia y desafío. Zlatko Dalić sigue al mando, Luka Modric continúa tirando de los hilos y el recuerdo de la final de 2018 y las semifinales posteriores aún pesa en la memoria colectiva. Lo que antes era una sorpresa, hoy es una vara de medir: cualquier cosa que no sea llegar muy lejos se sentirá como un paso atrás.

El problema es el tiempo. Varios de los nombres que sostuvieron aquellas gestas ya han pasado su pico, y repetir la hazaña sería, esta vez sí, un golpe mayor a la lógica. Pero Croacia conserva algo que no se marchita tan rápido: personalidad. Su fútbol pausado, paciente, de posesiones largas y control del ritmo encaja bien en escenarios exigentes, y en un torneo marcado por el calor puede convertirse en un arma silenciosa pero letal.

En la zaga, el estandarte es Joško Gvardiol. El defensor del Manchester City fue uno de los mejores centrales del último Mundial y se ha consolidado como pieza clave en la Premier League. Llega tras superar una fractura de tibia, un detalle que obliga a medir esfuerzos, pero su lectura del juego y su agresividad en el duelo siguen siendo fundamentales para que Croacia mantenga ese punto de fiabilidad que la ha convertido en especialista en torneos cortos. Mientras Modric y Dalić se aferran a un último gran baile, Gvardiol representa el puente hacia lo que viene.

Ghana: talento disperso y un viejo zorro en el banquillo

Ghana aterriza en su quinta Copa del Mundo con una sensación conocida: hay calidad, falta armonía. El potencial individual salta a la vista, pero los resultados recientes cuentan otra historia. Cinco derrotas consecutivas en amistosos encendieron todas las alarmas antes de que un empate ante Gales frenara la caída sin disipar las dudas.

Para ordenar ese caos, la federación ha recurrido a Carlos Queiroz, técnico veterano, meticuloso, con una hoja de ruta clara: primero defender, después pensar en el resto. Su libreto apunta a un equipo compacto, menos alegre con la pelota, pero más difícil de desarmar. El problema es que la ausencia por lesión de Mohammed Kudus le quita a Ghana una buena parte de su chispa creativa, justo lo que más cuesta fabricar en un contexto tan rígido.

En ese escenario, crece el foco sobre Antoine Semenyo. El atacante del Manchester City viene de una temporada notable, con 17 goles en la Premier League y el tanto decisivo en la final de la FA Cup. A nivel de clubes, su confianza está disparada. Con la selección, en cambio, el registro es mucho más discreto: solo tres goles en 34 partidos. Ghana necesita que cierre esa brecha de inmediato. Si el Semenyo de club aparece con la camiseta nacional, el techo del equipo cambia por completo; si no, el plan defensivo de Queiroz puede quedarse sin recompensa en el área rival.

Panamá: evitar otra tormenta y agarrarse a la historia

Panamá vuelve al Mundial por segunda vez con una herida aún fresca en la memoria: el 6-1 encajado ante Inglaterra en 2018, con Harry Kane firmando un doblete, se convirtió en una lección cruel sobre lo que significa enfrentarse a la élite. Aquella goleada marcó a una generación y sirve ahora como advertencia permanente.

El equipo de Thomas Christiansen llega, sin embargo, con algo más de poso competitivo. Los últimos resultados oficiales han sido razonables y explican un dato llamativo: el puesto 33 en el ranking mundial de la FIFA, muy por encima de lo que muchos esperarían. Ese pequeño salto de prestigio sufrió un baño de realidad en un amistoso reciente, un 6-2 frente a Brasil que recordó a Panamá la dureza del escalón al que aspira.

La misión es clara y humilde: sumar el primer punto mundialista de su historia. No suena grandilocuente, pero para una selección que aún está aprendiendo a convivir con este tipo de escenarios, sería un paso enorme. Evitar otra goleada, competir cada minuto y rascar algo en el marcador puede cambiar la forma en que el país mira a su selección. Y, a veces, un solo punto basta para abrir una era nueva.