Inglaterra vence a Croacia pero preocupa la lesión de Declan Rice
Inglaterra se marchó de Arlington con una victoria por 4-2 ante Croacia, una remontada poderosa y una preocupación en el horizonte: el gesto de dolor de Declan Rice al ser sustituido en el minuto 72. El susto duró unos minutos. El eco, mucho más, porque el centrocampista es el termómetro de este equipo.
El seleccionador no dudó. En cuanto vio algo raro, actuó. Rice, que ya había dejado su huella con una asistencia para Harry Kane, empezó a perder balones poco habituales en él y a moverse con cierta rigidez. Mirada al banquillo, mano a la zona lumbar y al isquiotibial alto, y mensaje claro: no podía seguir.
El técnico alemán lo explicó después con franqueza. Detectó incomodidad, habló con el jugador y decidió cortar por lo sano para evitar males mayores. Si hay que quitar a Rice —algo que casi nunca entra en los planes— es porque la prioridad es protegerle. En ese contexto, la entrada de Reece James en el centro del campo no fue un simple parche: firmó un partido sólido, a la altura de un escenario grande.
La escena de Rice cojeando encendió todas las alarmas. No era un tema nuevo. Desde el tramo final de la temporada con Arsenal, el mediocentro arrastra molestias que han requerido incluso inyecciones en las últimas semanas del curso, mientras el club londinense peleaba por la Premier League y la Champions League. El cuerpo técnico de la selección le vigila de cerca desde entonces.
Sin embargo, el propio jugador rebajó la tensión nada más acabar el encuentro. Sonriente, cumplió con sus obligaciones ante los micrófonos y dejó un mensaje tranquilizador: se siente “todo bien”, describe esas molestias como dolores que lleva “nurseando” desde la segunda mitad del año y las califica de simples precauciones. Su objetivo es claro: estar disponible para el próximo duelo, ante Ghana.
El descanso que cambió el partido
Mientras el estado físico de Rice monopolizaba el debate, el desarrollo del encuentro contaba otra historia: la de una selección que supo cambiar el guion en el vestuario. Tras una primera parte caótica, con intercambio de golpes y el marcador igualado, Inglaterra encontró su versión más agresiva y dominante tras el descanso.
La chispa llegó en la charla del entretiempo. Kane desveló el mensaje que recibieron: quitarse las cadenas, calmarse y soltarse. Nada de miedo. Nada de especular. “¿Qué es lo peor que puede pasar?”, fue la idea que caló. Mostrar al mundo de qué es capaz este grupo.
La respuesta sobre el césped fue inmediata. Inglaterra salió “a todo gas” y Croacia no pudo seguir el ritmo. Una vez que los ingleses se pusieron por delante, manejaron el partido con una autoridad que no habían mostrado en la primera mitad. Sin sensación real de peligro atrás y con espacios cada vez más amplios para golpear a la contra.
Hubo un tramo en el que la selección inglesa olió sangre. Encadenó ocasiones, pudo marcar tres o cuatro goles más y convirtió cada transición en una amenaza. Jude Bellingham y Marcus Rashford terminaron por rubricar la reacción con sus tantos, sellando los tres puntos y colocando a los Three Lions en cabeza del Grupo L antes de su siguiente compromiso.
Un paso adelante… y un aviso
Rice, ya más sereno, analizó el choque con la mirada del futbolista que manda en la sala de máquinas. Admitió que la primera parte se sintió peor de lo que quizá fue, marcada por la forma en que encajaron los goles. El dato es claro: Inglaterra tuvo mucho balón, pero sin la agresividad adecuada.
Tras el descanso, el paisaje cambió. Hubo “punch”, ese golpe de energía que se nota desde el primer minuto. Más presión, más fuerza en los duelos, más claridad al atacar. Un equipo con un resorte extra en cada carrera. El guardameta rival, además, firmó una actuación brillante que evitó una goleada mayor.
La victoria deja un poso doble. Por un lado, la sensación de que, cuando se suelta, esta Inglaterra tiene un techo alto, capaz de someter a un rival duro y de pasarle por encima en fases del partido. Por otro, la constatación de que su estructura emocional y futbolística sigue dependiendo en gran medida de la presencia de Rice.
El mediocentro asegura que estará “todo bien”. El cuerpo técnico prefiere hablar de prudencia y de gestionar la carga. La fase de grupos apenas empieza, el calendario aprieta y el margen de error es mínimo.
La reacción en Arlington ilusiona. La espalda de Rice, en cambio, recuerda que el camino hacia el título también se juega en la camilla y en los pequeños gestos de dolor que nadie quiere ver.
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