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Kai Havertz y su papel clave en el Mundial 2026

Kai Havertz se planta en Boston con la mirada fija en un escenario que siempre le ha pertenecido: los grandes días, los partidos que definen carreras y cambian historias. Alemania se juega el pase a los octavos de final del Mundial 2026 ante Paraguay, y el delantero asume sin titubeos el peso de liderar el ataque.

Un estreno de altura en las eliminatorias

Para un futbolista acostumbrado a noches de máxima exigencia, sorprende casi tanto como motiva: será su primer partido de eliminación directa en una Copa del Mundo. Havertz no lo esconde, lo saborea.

“Este será mi primer partido de eliminatoria en un Mundial. Me gustan estas grandes ocasiones y me siento cómodo en este contexto”, explicó ante los medios, dejando claro que el escenario no le intimida, lo alimenta.

Alemania persigue algo más que un simple billete a la siguiente ronda. Busca romper una barrera psicológica: no alcanza los octavos desde 2014, el año en que terminó levantando el trofeo. Demasiado tiempo para una selección acostumbrada a vivir instalada en las últimas rondas.

Havertz lo resume con sencillez: “Espero seguir avanzando; para eso, hay que trabajar duro y creer en uno mismo”. No suena a eslogan, suena a plan.

De la goleada al tropiezo: dos caras de Alemania

El camino hasta este cruce ha mostrado dos versiones muy distintas del equipo. En el estreno, un vendaval: 7-1 a Curazao, un festival ofensivo en el que Havertz firmó dos tantos y el tridente con Florian Wirtz y Jamal Musiala desbordó talento y desparpajo.

Luego llegó el frenazo. La derrota por 2-1 ante Ecuador en el último partido de la fase de grupos encendió las alarmas. Alemania se atascó ante un rival replegado, sin claridad para romper líneas ni lucidez en los últimos metros. Las críticas no tardaron en llegar.

El propio Havertz asume el foco sobre la delantera. Nada de excusas, todo responsabilidad.

“Hablamos mucho de lo que puede funcionar mejor y de lo que tenemos que mejorar. Los tres (él, Florian Wirtz y Jamal Musiala) sabemos que todavía no hemos mostrado todo lo que somos capaces de hacer arriba. Tenemos que asumir esa responsabilidad”, admitió.

La explicación es futbolera, terrenal: jugadores que llegan de contextos distintos, automatismos de club que no siempre encajan de inmediato en la selección. “Lleva un poco de tiempo porque todos venimos de nuestros clubes a la selección y hay que acostumbrarse a los compañeros”, añadió.

El ruido exterior no le inquieta. Lo deja claro con una frialdad que también define a los grandes: “En un gran torneo, la gente habla, pero no me importa lo que digan, estamos centrados en nosotros”.

Paraguay, de la goleada encajada al muro defensivo

Enfrente, Paraguay, un rival que ha ido mutando con el torneo. Comenzó de la peor manera posible: 4-1 ante la anfitriona USA, un golpe duro que cuestionaba su solidez y su plan. Pero la reacción fue inmediata.

El equipo sudamericano se rearmó atrás, cerró filas y encontró una identidad mucho más reconocible: 1-0 frente a Turquía, portería a cero, y otro partido sin encajar ante Australia, un 0-0 que le sirvió para avanzar como uno de los ocho mejores terceros.

De la fragilidad del debut a la fiabilidad defensiva en dos partidos. Un aviso directo a una Alemania que ya sufrió ante un bloque bajo frente a Ecuador. El desafío es evidente: habrá que encontrar soluciones donde antes faltaron ideas.

Havertz no se engaña. Respeta al rival y describe con precisión el tipo de batalla que le espera.

“Tienen calidad; la agresividad y la intensidad son lo que les define. Necesitamos una buena actuación, y estaremos mejor mañana”, aseguró.

Alemania sabe que no se trata solo de talento, sino de ritmo, de insistencia, de ganar duelos y no desesperarse ante un rival que se siente cómodo defendiendo cerca de su área.

Un líder para las noches grandes

En ese contexto, la figura de Havertz gana peso. No solo como finalizador, también como referencia emocional para un ataque joven, brillante, pero todavía en construcción. Él mismo marca el tono: cero miedo a la presión, hambre de escenario grande.

“Me gustan los grandes partidos, los partidos en el escenario más grande. Estamos plenamente convencidos de que podemos ganar”, sentenció.

No hay promesas vacías ni declaraciones grandilocuentes. Hay convicción. Alemania persigue su quinta estrella mundial, un objetivo que exige superar noches como la de Boston. Para llegar a la cima, primero hay que aprender a sobrevivir a estos cruces.

Havertz ya ha elegido su papel: no quiere ser un actor secundario en esta historia. Quiere ser el hombre del gran partido. Y el Mundial, por fin, le ofrece el escenario perfecto para demostrarlo.