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Kelechi Iheanacho desata el caos en la lucha por la Scottish Premiership

Kelechi Iheanacho desata el caos y lleva el título a una final de infarto

Un susurro desde la pantalla del VAR, un silbato, un estadio en shock y un penalti con la última patada del partido. Así se encendió el incendio en la lucha por la Scottish Premiership.

En Fir Park, cuando el reloj ya había sobrepasado el tiempo, Celtic se asomaba al abismo. El 2-2 ante Motherwell, tras el gol de Liam Gordon en el 85’, dejaba a Heart of Midlothian a un paso de su primer título en 66 años. En Tynecastle, los aficionados de Hearts ya rozaban la gloria con la yema de los dedos. Pero el fútbol escocés tiene memoria cruel.

Un penalti que nadie pidió

La jugada que lo cambió todo llegó en el descuento, casi en silencio. Un balón colgado al área de Motherwell, Sam Nicholson salta y despeja de cabeza. El juego continúa, ningún jugador de Celtic reclama nada. Pero el VAR sí.

El árbitro John Beaton recibe el aviso, se acerca al monitor a pie de campo, revisa la acción y decide: mano de Nicholson, penalti. La repetición muestra un leve roce del balón con la mano levantada del defensor. Suficiente para Beaton. Insuficiente, a ojos de casi todos los demás, para un castigo tan grande.

El estadio se detiene. En el punto de penalti, Kelechi Iheanacho. Bajo una presión descomunal, el delantero mantiene la sangre fría. Carrera corta, golpe seco, balón ajustado. Calum Ward se estira, pero no llega. 3-2 para Celtic. Y una invasión de campo de hinchas desatados que entienden al instante el significado de ese disparo: el título se decidirá el sábado, cara a cara, en Glasgow.

Hearts llegará al último día con 80 puntos; Celtic, con 79 y seis victorias ligueras consecutivas. A los de Edimburgo les basta un empate para entrar en la historia como el primer campeón que no es Celtic ni Rangers desde 1985. Pero la sensación, tras lo vivido, es que el destino vuelve a ponerles a prueba.

Rabia en Hearts, incredulidad en Motherwell

Mientras en Fir Park el gol de Iheanacho se celebraba como un rescate, en Tynecastle la noticia caía como un jarro de agua helada. Derek McInnes, técnico de Hearts, no pudo contener la furia después de ver las imágenes del penalti concedido a Celtic.

«Es asqueroso. Estamos contra todos. No creo que sea penalti», declaró a Sky Sports, sin rodeos. «Es muy pobre y parece como si se lo hubieran regalado. Han tenido mucha fortuna. Vamos a la última jornada. Estamos encantados de formar parte de esto. Tendremos que ir a por un resultado positivo. Qué partido nos espera».

Desde Motherwell, el enfado no era menor. Jens Berthel Askou calificó la decisión de «escandalosa». «No veo ningún párrafo en el reglamento que pueda llevar a señalar eso como penalti», lamentó. La herida no es solo por la derrota, sino por el papel involuntario de Motherwell en una carrera por el título que se ha vuelto emocionalmente salvaje.

Tynecastle, entre la euforia y el silencio

Mientras en Fir Park se cocinaba el drama, Tynecastle vivía su propia montaña rusa. Hearts hizo su parte con una autoridad que alimentaba el sueño. Goles de Frankie Kent, Cammy Devlin y Blair Spittal sellaron el 3-0 ante Falkirk. Pero el verdadero ruido venía de los teléfonos móviles en la grada.

Los hinchas explotaron cuando llegó la noticia del gol inicial de Elliot Watt para Motherwell. El estadio rugió como si fuera un tanto propio. Cuando Kent firmó un cabezazo imparable en el 29’ y Devlin, con un disparo desviado, puso el 2-0, el ambiente se volvió casi místico. Lágrimas en los ojos, abrazos largos, la sensación de que esta vez sí.

Celtic, sin embargo, se negó a desaparecer. El empate de Daizen Maeda en Fir Park enfrió la fiesta. Y cuando Benjamin Nygren firmó un segundo gol espectacular para los de Glasgow, el clima en Tynecastle cambió por completo. Del estruendo al murmullo. De la euforia a una tensión que se podía cortar.

Durante buena parte de la segunda parte, el estadio vivió en un extraño silencio, pendiente solo de lo que ocurría a más de 60 kilómetros. El 3-0 de Spittal fue casi un detalle estadístico: toda la temporada se concentraba en lo que hacía Motherwell.

Motherwell roza la heroicidad

En Fir Park, Motherwell respondió al guion con valentía. Tras el empate de Celtic, el equipo local se lanzó con todo. Un disparo de Elliot Watt se estrelló en el larguero tras un desvío, y el rechace de Tawanda Maswanhise obligó a una gran intervención de Viljami Sinisalo. El área de Celtic se convirtió en una zona de asedio.

El premio llegó con el cabezazo de Liam Gordon en el 85’. Gol, 2-2, explosión de alegría en Tynecastle. Los aficionados de Hearts volvieron a bailar, conscientes de que ese tanto les colocaba con una mano en el trofeo. La historia, por un instante, parecía alinearse con ellos.

Hasta que apareció el VAR. Hasta que Beaton señaló el punto de penalti. Hasta que Iheanacho golpeó el balón y cambió, una vez más, el relato de toda una temporada.

Ecos de 1986

Para los seguidores de Hearts, la comparación es inevitable. Hace 40 años, en la última jornada de la temporada 1985-86, llegaron invictos en 27 partidos de liga, dos puntos por delante de Celtic. Solo necesitaban un empate en Dundee para coronarse campeones.

Lo que ocurrió es ya parte de la mitología del fútbol escocés. Albert Kidd, aficionado de Celtic, marcó dos goles tardíos para Dundee, 2-0 en Dens Park. Al mismo tiempo, Celtic arrolló 5-0 a St Mirren y se llevó el título por diferencia de goles. Hearts se derrumbó aquella tarde y nunca olvidó ese golpe.

Hoy, cuatro décadas después, el fantasma de aquel final vuelve a sobrevolar Edimburgo. Hearts llega líder, con el destino en su mano, pero con Celtic empujando desde atrás, acostumbrado a sobrevivir en noches imposibles como la de Fir Park.

El sábado, en Glasgow, no habrá lugar para interpretaciones. Hearts solo necesita un punto. Celtic, una victoria. El VAR ya ha dejado su huella. Ahora la pregunta es sencilla y brutal: ¿será esta por fin la temporada en la que Hearts rompa el hechizo, o volverá la historia a repetirse con la misma crueldad de siempre?

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