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La maldición del playoff persigue a Millwall: Hull asalta The Den

Millwall vuelve a quedarse mirando la puerta de la Premier League desde fuera. Otra vez en semifinales. Otra vez a un paso. Ya van cuatro: 1991, 1994, 2002 y ahora esta. Pero esta derrota duele distinto. El equipo de Alex Neil había terminado 10 puntos por encima de Hull en la liga, rozó el ascenso directo en la última jornada y llegaba a The Den como claro favorito. El guion, sin embargo, lo rompió un suplente: Mohamed Belloumi. Y lo remató otro: Joe Gelhardt.

En una noche que debía ser de fiesta en el sur de Londres, Hull se llevó todo. El billete a Wembley, la hazaña estadística —primer sexto clasificado en llegar a la final desde el Derby de Frank Lampard en 2019— y la sensación de que, juegue contra quien juegue en la final, no teme a nadie.

Un ambiente de ascenso… y un plan que descolocó a Millwall

Neil conoce el camino de estos partidos. Subió con Norwich en 2015, encendió la resurrección de Sunderland en 2022. Pidió a la grada que hiciera de la noche algo inolvidable y The Den respondió: el primer “No one likes us, we don’t care” tronó antes incluso del saque inicial, cargado de expectativa y revancha tras la ida.

El eco del primer partido todavía flotaba en el ambiente. El gol anulado a Ryan Leonard, que Neil consideraba legal, seguía en la cabeza de muchos. También los incidentes entre aficiones, que obligaron a intervenir a la policía tras el pitido final. Esta vez, los valientes hinchas de Hull que viajaron al sureste de Londres lo hicieron con un gesto de su presidente, Acun Ilicali, que les regaló camisetas para agradecerles el esfuerzo.

Sobre el césped, Sergej Jakirovic movió la primera pieza decisiva. El técnico, que llegó el verano pasado y ha llevado a Hull contra todo pronóstico hasta aquí con un presupuesto modesto, sorprendió con una defensa de cinco. El cambio descolocó a Millwall. Y Hull golpeó primero en sensaciones.

Charlie Hughes obligó a Anthony Patterson a intervenir en el minuto 10 con un disparo de falta. Aviso serio. No era la primera vez que los visitantes se sentían cómodos en este escenario: ya habían ganado 3-1 en diciembre en liga.

Millwall responde, pero sin premio

La reacción local no tardó. Thierno Ballo rozó el 1-0 con un cabezazo que Kyle Joseph sacó bajo palos. Poco después, Ivor Pandur voló para repeler un disparo potente de Femi Azeez en su primer palo. El extremo, que escaló desde el Northwood de la octava categoría del fútbol inglés hasta convertirse en uno de los atacantes más influyentes de Millwall esta temporada, volvió a ser el que más peligro generó.

Hull, sin embargo, no se encogió. Superado el primer arreón, volvió a morder. John Egan se quedó cerca del gol con un cabezazo a balón parado. Oli McBurnie forzó otra buena parada de Patterson tras un centro tenso de Ryan Giles. Millwall reclamó penalti a cinco minutos del descanso cuando un centro de Casper De Norre impactó en el brazo de Hughes, pero el defensor lo tenía pegado al cuerpo y el árbitro Sam Barrott rechazó las protestas de inmediato.

La mala noticia para Hull llegó en forma de lesión: Joseph, héroe defensivo instantes antes, se marchó cojeando con un problema serio en el tobillo. Los aficionados de Millwall le despidieron con abucheos mientras el fisioterapeuta le ayudaba a salir. Nada de compasión en The Den.

Cambios, nervios… y un zurdazo que lo cambia todo

El segundo tiempo arrancó como el primero: con Hull más despierto. Regan Slater habilitó a McBurnie y el delantero estuvo a centímetros del gol, pero Tristan Crama apareció sobre la línea para salvar a Millwall.

El conjunto de Neil empujaba más por necesidad que por claridad. Mucho esfuerzo, pocas ideas. El técnico decidió jugársela: dio entrada a Mihailo Ivanovic y pasó a un 4-4-2. Después, tiró de experiencia con Alfie Doughty y Barry Bannon. The Den rugía, esperando el momento del gol liberador.

Llegó, pero en la portería contraria.

El sustituto de Joseph, Mohamed Belloumi, llevaba tiempo avisando por la izquierda. Regates, conducciones, duelos ganados. Hasta que encontró el hueco justo en la frontal. Controló, se perfiló y soltó un disparo curvado, precioso, que besó el poste lejano antes de entrar. Patterson se estiró, pero solo para hacer más fotogénica la estampa. El balón entró y el fondo visitante explotó.

Hull ya no soñaba con la final. La tocaba con las manos.

Bannon, recién entrado, estuvo a punto de complicar aún más la noche con un pase defectuoso que dejó a Slater con opción de sentenciar. No lo aprovechó. Al otro lado, Ivanovic tuvo la suya, pero su cabezazo se marchó por encima del larguero. Eran los últimos coletazos de un Millwall desordenado, más volcado con el corazón que con la cabeza.

Gelhardt cierra la herida y Hull mira a Wembley

Cuando el reloj se comía los minutos finales, Jakirovic lanzó la última carta ofensiva: Joe Gelhardt. No necesitó tiempo de adaptación. En su primer contacto con la pelota, atacó el área para rematar un centro de Belloumi desde la izquierda. El disparo no fue limpio, pero Patterson falló en el blocaje y el balón se le escurrió entre las manos hasta cruzar la línea lentamente, como una sentencia.

Ahí se acabó Millwall.

La grada local entendió el golpe. La maldición del playoff se alarga y el único consuelo, si es que lo hay, es la casi segura posibilidad de reencontrarse la próxima temporada con West Ham, un rival al que no se mide desde 2012 y que siempre enciende la ciudad.

Hull, en cambio, se marcha de Londres con algo mucho más valioso: un lugar en Wembley, la etiqueta de equipo incómodo que llega desde la sexta plaza y la sensación de que su historia de “tapado” todavía no ha terminado. La pregunta ya no es si puede competir con cualquiera en la final.

La cuestión es: ¿quién se atreve ahora a subestimarlos?