Mundial 2026: Equipos y Candidatos al Título
A tres semanas del estreno del Mundial 2026 en Norteamérica, el ruido ya es de torneo grande. Nuevo formato, 48 selecciones, tres países anfitriones y un puñado de candidatos que llegan con peso histórico, talento descomunal… y también dudas muy humanas.
Francia: la última batalla de Deschamps
Francia aterriza como número uno del ránking y con una sensación clara: es ahora o nunca para cerrar el ciclo de Didier Deschamps con otro título. Dos Mundiales ganados, dos finales perdidas en penaltis en las últimas siete ediciones. Un dominio casi constante que solo se entiende con la figura del seleccionador, al mando desde 2012. Él mismo lo reconoce: “Es una sensación extraña”. Su despedida ya tiene escenario.
Los resultados recientes sostienen la candidatura. Triunfo 2-1 ante Brasil en marzo y un 3-1 a Colombia con un once completamente distinto, ambos partidos en suelo estadounidense. Nueve encuentros sin perder desde junio pasado. No es solo inercia, es fondo de armario.
Y arriba, pura dinamita: el vigente Balón de Oro Ousmane Dembélé, Kylian Mbappé, Michael Olise, Rayan Cherki… Francia no solo asusta por nombres; intimida por la facilidad con la que puede cambiar de cara sin perder filo. Frenar a esta selección exigirá algo más que una buena noche.
España: una máquina perfecta con piezas tocadas
España llega como campeona de Europa y con una racha que impone respeto: no pierde desde que levantó la Euro 2024. El equipo de Luis de la Fuente funciona como un engranaje fino, reconocible, con una idea de juego clara y automatismos muy trabajados.
El gran foco, sin embargo, está en la enfermería. Lamine Yamal, la estrella adolescente que ha cambiado el paisaje ofensivo de La Roja, sufre una lesión en los isquiotibiales y los informes apuntan a que podría perderse los dos primeros partidos de la fase de grupos. Un golpe duro para una selección que había encontrado en él desequilibrio y magia a velocidad de vértigo.
Las malas noticias no acaban ahí. Fermín López, también de Barcelona, se quedaría fuera del torneo por una fractura en el pie. Mikel Merino, pieza clave en 2025 con ocho goles en diez encuentros, no juega desde enero por lesión. Son bajas que mueven la pizarra.
Aun así, España sigue teniendo jerarquía. El Balón de Oro 2024, Rodri, manda en la sala de máquinas. Pedri aporta control, pausa y último pase cuando el partido se acelera. No es una selección que dependa de un solo genio; es un bloque que sabe lo que hace y cómo hacerlo.
Argentina: el campeón que se aferra a Messi… y mucho más
Argentina llega con la estrella en el pecho y un objetivo transparente: defender el título conquistado en 2022. Lionel Scaloni ha construido un grupo que ya sabe ganar finales, gestionar la presión y sufrir cuando toca. El recuerdo de Qatar todavía pesa… para bien.
La gran incógnita, inevitable, vuelve a llamarse Lionel Messi. A punto de cumplir 39 años, nadie sabe si puede repetir la cumbre futbolística de 2022. Pero el contexto ha cambiado: ahora vive instalado en Estados Unidos, conoce el país, los viajes, los climas, los campos. Y sus números en la MLS con Inter Miami —12 goles en 13 partidos este año— demuestran que sigue siendo decisivo.
Argentina llega con más que nostalgia. Ganó la Copa América 2024 también en territorio estadounidense y dominó con holgura la clasificación sudamericana. El ataque ofrece variantes para todos los gustos: Lautaro Martínez, un nueve de área y de racha; Julián Álvarez, movilidad y presión alta; Nico Paz, mediapunta nacido en Tenerife y hoy en Como, que añade creatividad entre líneas. El campeón no se presenta solo con el recuerdo de Messi: trae una estructura que ya sabe lo que es tocar el cielo.
Inglaterra: nuevo jefe, la misma urgencia
Inglaterra vuelve a un Mundial con la herida abierta de las oportunidades perdidas. Bajo Gareth Southgate rozó la gloria varias veces: final en las dos últimas Eurocopas, semifinales en el Mundial 2018, cuartos en 2022. Siempre cerca, nunca suficiente.
El relevo en el banquillo tiene nombre propio: Thomas Tuchel. El alemán asume el reto de romper una sequía que se alarga desde 1966. No se trata solo de ganar; se trata de cambiar la narrativa de un país que se acostumbra a caer cuando más duele.
El camino a este Mundial fue cómodo. Inglaterra pasó por la fase de clasificación con autoridad y exhibió una profundidad de plantilla envidiable. Sin embargo, las señales recientes invitan a la prudencia: empate ante Uruguay y derrota frente a Japón en los amistosos de marzo. No es el tipo de carta de presentación que uno espera de un aspirante.
Algunos de sus grandes nombres han tenido temporadas irregulares. Jude Bellingham y Cole Palmer no han vivido campañas lineales. Pero el gran argumento ofensivo sigue siendo Harry Kane, desatado con Bayern Munich: 58 goles esta temporada. Si mantiene ese instinto asesino, Inglaterra tendrá siempre una puerta abierta a la victoria, incluso en sus peores noches.
Portugal: talento de sobra, una sombra enorme
Portugal nunca ha superado el listón de las semifinales en un Mundial. Sin embargo, se presenta en Norteamérica como candidato serio. La calidad de su centro del campo es, probablemente, una de las más altas del torneo: Vitinha, João Neves, Bernardo Silva, Bruno Fernandes. Fútbol para mandar en los partidos, para someter al rival con balón.
La gran pregunta es otra. ¿Hasta qué punto la presencia de Cristiano Ronaldo, con 41 años y camino de su sexto Mundial, condicionará al equipo? Su figura sigue siendo gigantesca, dentro y fuera del campo. Puede inspirar, pero también puede pesar si el equipo se ve obligado a girar en torno a él.
Portugal ganó la UEFA Nations League el año pasado, pero su clasificación mundialista dejó dudas. Tropezó en Irlanda, con derrota incluida y expulsión de Ronaldo. En su último amistoso, un 2-0 ante Estados Unidos en Atlanta, el capitán no jugó. Tal vez una pista de cómo puede modularse su rol en esta recta final de carrera.
Si el talento del mediocampo encuentra equilibrio con la jerarquía de Cristiano, Portugal tendrá argumentos de sobra para mirar de frente a cualquiera.
Brasil: identidad en disputa, orgullo en juego
Brasil llega a este Mundial con una pregunta que incomoda: ¿quién es Brasil hoy? La decisión de recurrir a Carlo Ancelotti, un técnico italiano para dirigir a la selección más icónica del planeta, dice mucho del momento que vive la Canarinha. Falta de rumbo, dudas estructurales y una profundidad de plantilla menor que en otras épocas.
La convocatoria de Neymar es el síntoma más claro. Con 34 años, de vuelta en Santos y sin jugar con la selección desde 2023, su nombre reaparece en un contexto en el que Vinicius Junior ya ejerce como líder ofensivo. La vieja guardia y la nueva era se cruzan en un mismo vestuario.
Los números recientes no ayudan al optimismo. Desde el título de 2002, Brasil solo ha alcanzado una vez las semifinales, aquel 7-1 traumático ante Alemania en 2014. En la última clasificación sudamericana terminó quinta, con seis derrotas en 18 partidos. Demasiadas caídas para un gigante que antes caminaba casi sin mirar al suelo.
Ancelotti lo ve de otro modo. “El Mundial no lo ganará un equipo perfecto —porque un equipo perfecto no existe—. Lo ganará el más resistente”, sostiene. Ahí quiere construir su Brasil: en la capacidad de aguantar golpes, más que en la vieja fantasía del jogo bonito sin fisuras.
Alemania: menos ruido, el mismo peligro
Alemania llega al torneo desde un lugar extraño: fuera del foco principal. Ocupa el décimo puesto del ránking, por detrás de Países Bajos, Marruecos y Bélgica. Viendo los últimos resultados, no sorprende. Eliminaciones en la fase de grupos en 2018 y 2022, adiós en cuartos de final de la Euro 2024 siendo anfitriona. Un gigante que ha perdido costumbre de las últimas rondas.
Julian Nagelsmann, sin embargo, ofrece algo distinto: ideas nuevas, valentía táctica, disposición a romper jerarquías si el juego lo exige. No será fácil imaginar a esta Alemania levantando su primer Mundial desde 2014, pero descartarla sería un error clásico.
Joshua Kimmich aporta carácter y orden, Florian Wirtz llega como una de las grandes apariciones del fútbol europeo y Kai Havertz ofrece esa mezcla rara de talento y versatilidad que tanto valora cualquier seleccionador. No es la Alemania implacable de otras décadas, pero conserva algo que nunca se pierde del todo: la capacidad de competir cuando el escenario se agranda.
El Mundial 2026 se acerca con un guion abierto. Francia quiere cerrar una era con un título. España busca confirmar que su nueva generación también sabe mandar fuera de Europa. Argentina se aferra a Messi y a una estructura campeona. Inglaterra estrena jefe con la presión de medio siglo de espera. Portugal intenta equilibrar la figura inmensa de Cristiano con un mediocampo de lujo. Brasil persigue su identidad. Alemania, silencio y colmillo.
En tres semanas, las palabras se acabarán. Y solo quedará la verdad del campo.
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