Neymar regresa entre lágrimas: Brasil lidera su grupo
La victoria de Brasil sobre Escocia por 3-0 entregó algo más que el liderato del grupo. Entregó un regreso. Un cierre de herida. Y quizá, el inicio de la última gran función de Neymar con la camiseta de la selección.
Cuando el reloj marcaba la segunda parte y Matheus Cunha dejó su lugar, el cuarto árbitro levantó el cartel y el estadio de Miami se detuvo un segundo. Entraba Neymar, 981 días después de su última aparición con la Canarinha, en octubre de 2023. Casi tres años borrado del escenario que siempre le perteneció.
Un regreso cargado de cicatrices
No fue una ausencia cualquiera. En ese lapso, el ex de Barcelona y Paris Saint-Germain vivió un calvario físico: una rotura de ligamento cruzado anterior, problemas de isquiotibiales encadenados, dudas sobre si volvería a pisar un gran torneo. Su carrera, otra vez, colgada de la sala de fisioterapia.
El pitido final en el Miami Stadium fue la señal. Neymar se derrumbó. Lágrimas, abrazos, compañeros rodeándole y la figura de Ronaldinho acercándose para fundirse con él en una imagen que habló más que cualquier crónica. En el vestuario, el propio delantero lo reconoció: lloró, agradeció, se sintió de nuevo parte de algo grande. “I was crying in the dressing room, yes. I thank God to be able to help my country, I am so happy", dijo, con la emoción todavía a flor de piel.
Un Neymar humano, lejos aún de su pico
La historia era perfecta. El rendimiento, no tanto. Al menos no desde el primer toque.
Carlo Ancelotti lo ubicó como falso nueve, flotando entre líneas. Neymar acusó la falta de ritmo competitivo: se vio pesado, lento en la toma de decisiones, perdió nueve balones y se enredó en conducciones que antes resolvía de memoria. El partido iba a otra velocidad. Él, por momentos, parecía aún en fase de rehabilitación.
Pero el talento no se evapora. Se esconde. Y a medida que el encuentro avanzó, el máximo goleador histórico de la selección empezó a encontrar grietas. Se ofreció más, pidió la pelota de cara, ajustó los controles. Probó desde fuera del área con un disparo potente que obligó al portero Angus Gunn a una intervención de reflejos. Luego, desde la esquina, sirvió un córner tenso, venenoso, que rozó el cuarto gol de un Brasil ya desatado.
No fue un recital. Fue un primer paso. Y, dadas las cicatrices, eso ya es mucho.
De Santos al examen definitivo
El camino que lo devolvió a la selección tampoco fue sencillo en casa. De vuelta a sus orígenes con Santos, Neymar se encontró con un club en apuros, coqueteando con el descenso en la última temporada de liga. Sin brillo colectivo, con dudas sobre su condición física y su capacidad para sostener el máximo nivel.
Las preguntas se multiplicaron: ¿seguía teniendo piernas para la élite? ¿O el Neymar dominante pertenecía ya al archivo de los recuerdos? Ancelotti, sin embargo, no soltó la cuerda. Apostó por la experiencia del atacante, por su jerarquía en el vestuario y por la idea de que, incluso lejos de su pico, podía marcar diferencias en momentos clave.
Su presencia en esta convocatoria es la prueba de esa fe. Su entrada ante Escocia, la confirmación de que el técnico italiano no lo ve como una simple figura decorativa.
Un rol nuevo en una Brasil distinta
El contexto, eso sí, ha cambiado. Esta no es la selección que giraba alrededor de Neymar. Hoy, el foco ofensivo pasa por Vinicius Jr, Raphinha y el propio Matheus Cunha, que se han ganado el derecho a ser titulares. La velocidad, la presión alta, la rotación constante de posiciones dibujan una Selecao moderna, menos dependiente de un solo genio.
En ese paisaje, el número 10 —aunque ya no siempre con ese número a la espalda— deberá adaptarse a un papel más secundario. Todo apunta a que su impacto llegará más desde los minutos específicos, desde la pausa en medio del vértigo, que desde la figura del líder absoluto del ataque.
La competencia interna es feroz. Y quizá eso sea, precisamente, lo que necesite para reencontrar su filo competitivo.
Brasil cumple y mira a Houston
Más allá del foco en Neymar, Brasil respondió a su etiqueta de favorita. Ancelotti ha ensamblado un equipo que mezcla sin complejos la frescura de sus jóvenes con el oficio de veteranos que regresan a escena. El 3-0 ante Escocia no solo aseguró el primer puesto del Grupo C por delante de Marruecos; también envió un mensaje al resto del torneo.
El premio al liderato es un cruce atractivo en los dieciseisavos de final: en Houston, el lunes 29 de junio, la Canarinha se medirá al segundo clasificado del Grupo F, donde pelean la clasificación selecciones como Netherlands, Japan y Sweden. Un cuadro duro, sin concesiones.
Brasil llegará a esa cita con confianza, goles y una idea clara de juego. Y con Neymar, otra vez, en la foto. No como el sol alrededor del que gira todo, sino como una estrella que intenta demostrar que aún puede iluminar las noches grandes.
La pregunta ya no es si ha vuelto. La verdadera incógnita es cuánta magia le queda por entregar en este tramo final de su historia con la selección.
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