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Santiago Giménez: De la Apuesta de AC Milan al Mundial 2026

Santiago Giménez llegó a San Siro en febrero de 2025 con la etiqueta que todo delantero desea… y que también pesa. En Países Bajos había sido una máquina de hacer goles con Feyenoord: 65 tantos en 105 partidos, más de 20 por temporada en cada uno de sus dos cursos completos en De Kuip. Números de estrella, escaparate europeo garantizado.

Los grandes del continente tomaron nota. Desde la Premier League llegaron sondeos serios, miradas insistentes. Giménez eligió otra ruta. Eligió corazón antes que comodidad: Milán. De niño se había enamorado del escudo rossonero y del coloso de hormigón que veía por televisión. Cuando AC Milan llamó, la decisión se volvió casi íntima.

Un aterrizaje más áspero de lo esperado

El arranque no fue un desastre, pero tampoco un flechazo. Seis goles tras su llegada a San Siro, destellos sin continuidad. Se habló de adaptación, de cambio de liga, de salir de la zona de confort. Nada extraño para un delantero que cruza fronteras y culturas.

Luego llegó lo que de verdad lo frenó: las lesiones. En su primera temporada completa en Italia, el mexicano se vio atrapado en un calvario físico que lo dejó fuera de combate cinco meses. Sin ritmo, sin confianza, sin la secuencia de partidos que todo goleador necesita, su producción se desplomó. Apenas un gol en Coppa Italia en toda la campaña.

El contexto tampoco ayudó. El ciclo se agitó en San Siro: salida de Massimiliano Allegri, dudas sobre varios pesos pesados del vestuario, ruido alrededor del proyecto. En medio de ese terremoto, el nombre de Giménez empezó a aparecer en las quinielas de posibles salidas. Otra mudanza sobre la mesa, otro “nuevo comienzo” como hipótesis.

Borgetti levanta la mano: no es solo culpa de Giménez

Desde México, una voz autorizada salió en su defensa. Jared Borgetti, segundo máximo goleador histórico de la selección, analizó la situación del ‘9’ en declaraciones a GOAL, en un evento para 10bet.

Para Borgetti, la historia no se explica solo por el rendimiento del jugador. Señaló el peso de la lesión, el corte de continuidad, la imposibilidad de competir de tú a tú por la titularidad y de sostener el nivel que había mostrado en Países Bajos. Subrayó también el mal momento colectivo de Milan: cuando el equipo no funciona, nadie brilla de verdad.

En su lectura, Giménez es un delantero que necesita un entorno que lo potencie: un sistema que lo alimente, un equipo que genere ocasiones, un clima que no ahogue la confianza. La caída de nivel, apuntó, es una mezcla de factores: responsabilidad individual, sí, pero también fallos colectivos y una atmósfera que termina filtrándose en cada actuación.

El niño milanista que se niega a rendirse

En medio de las críticas y las dudas, Giménez se aferra a algo que no se puede fichar ni vender: el vínculo emocional. En una entrevista con Billboard Italia, recordó que apoyaba a Milan desde niño y que jugar en ese estadio que solo conocía por televisión tiene un valor especial.

Habló de una afición que lo ha recibido con afecto, que no lo ha señalado con la dureza con la que sí ha juzgado a otros. Admitió que todavía no ha rendido como esperaba, pero remarcó que la grada sigue empujándolo, tratándolo “como una familia”. Ese respaldo, en un club de exigencia extrema, no es un detalle menor.

El contrato lo ata a San Siro hasta el verano de 2029. Tiempo hay. Pero el fútbol de élite no suele esperar demasiado. Por eso el próximo capítulo de su historia puede escribirse lejos de Lombardía, con la camiseta verde de México y un escenario gigantesco: el Mundial 2026.

El Mundial como trampolín… o como juicio

Giménez llega a la cita más grande del fútbol con un discurso sin medias tintas. Jugar el Mundial en casa, con México como uno de los anfitriones, lo coloca bajo un reflector todavía más intenso. Él lo asume como una responsabilidad enorme, pero también como una oportunidad única.

Lo dijo sin rodeos: vestir la camiseta de la selección significa representar a todo un país. Y en territorio mexicano, con su gente detrás, siente que el equipo se vuelve especialmente fuerte. Está convencido de que será “un gran Mundial” y lanzó una declaración que no admite interpretaciones: México va a ganar el torneo y él será el máximo goleador.

El camino arranca a lo grande. México abrirá el Mundial 2026 en el mítico Estadio Azteca, frente a Sudáfrica, el jueves que inaugure la nueva batalla por la gloria global. Un escenario que impone, un partido que puede marcar tono y confianza desde el primer día.

Después llegará Corea del Sur, luego Czechia, en un Grupo A que exigirá concentración pero que también ofrece margen para que un ‘9’ se encienda. Si Giménez encuentra el gol y arrastra a la selección hacia las rondas de eliminación directa, no solo habrá respondido al desafío mundialista. Volverá a Milán con otro peso específico, con argumentos frescos para acallar dudas y reclamar su lugar.

El contrato dice que su historia con Milan debe durar hasta 2029. El Mundial dirá si esa historia se reescribe como la de un fichaje fallido… o como la de un goleador que solo necesitaba un gran verano para encenderse de nuevo.

Santiago Giménez: De la Apuesta de AC Milan al Mundial 2026