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Yamal brilla en la victoria de España sobre Arabia Saudí

España necesitaba una respuesta. No solo un triunfo. Una actuación que borrara el sabor rancio del 0-0 ante Cabo Verde. En Atlanta, la tuvo: 4-0 a Arabia Saudí, fútbol afilado y una sensación nítida de que La Roja, por fin, ha aterrizado en el Mundial 2026.

En el centro de todo, un chico de 16 años que ya juega como si este escenario le perteneciera: Lamine Yamal. A su lado, un capitán silencioso pero letal, Mikel Oyarzabal. Entre ambos desarmaron el partido antes de que llegara la primera pausa de hidratación.

De la clase al escaparate del mundo

Yamal regresó al once tras su irrupción en el debut y tardó segundos en encender el partido. Pidió el balón, encaró, centró. Arabia Saudí entendió rápido que por ese costado no iba a tener una noche tranquila.

Al minuto 11 llegó el primer zarpazo. España hilvanó 39 pases antes de que el balón terminara en el área. Centro raso, tenso, de Oyarzabal desde la izquierda, y Yamal, casi sin ángulo, apareció en el segundo palo para meter la puntera y marcar su primer gol en un Mundial en su primera titularidad. Nada de obra de arte al ángulo. Gol de delantero que huele el área, de futbolista que empieza a sumar cifras además de magia.

Horas después de recordar que en 2022 veía el Mundial desde el pupitre de una clase, celebraba en Atlanta con su madre y su familia en la grada. El salto es tan brutal como natural en él.

Ese tanto no solo abrió el marcador. Subió el volumen de todo el equipo. España, que ante Cabo Verde se había atascado en pases previsibles, esta vez jugó hacia adelante, mordió, remató. Hizo exactamente lo que Luis de la Fuente había pedido: más verticalidad, más intensidad, más área.

Oyarzabal, doblete y liderazgo silencioso

El impulso de Yamal encontró en Oyarzabal a su socio perfecto. En diez minutos, el capitán firmó un doblete que dejó el partido sentenciado.

En el 21, España cazó un balón suelto en el área y Oyarzabal, en el segundo palo, empujó a la red casi con más fe que técnica. Gol feo, sí, pero demoledor para un rival que ya sufría para respirar.

Dos minutos después, otra vez él. Balón filtrado, desmarque corto y definición limpia, cruzada, desde muy cerca del portero. 3-0 en 23 minutos. España se convertía en la primera selección desde Alemania en 2014 en marcar tres goles tan pronto en un partido de Mundial. La goleada ya estaba en marcha.

Pudo ser un hat-trick de manual. En el 36, un error grosero de Mohammed Al Owais le dejó el balón franco a Oyarzabal, que remató de primeras buscando la escuadra. El balón besó la parte superior del larguero. El estadio ya cantaba el tercero en su cuenta.

De la Fuente, que cumplió 65 años el domingo, no dudó. Descanso y cambio para sus dos agitadores: fuera Yamal y Oyarzabal al descanso, dentro minutos para las piernas frescas. Gestión fría en una noche caliente. Con Uruguay asomando en el calendario, era una decisión tan pragmática como necesaria.

Dominio sin estridencias y un cuarto gol cruel

La segunda parte perdió el frenesí del inicio, pero no el control. España bajó una marcha, se asentó en campo rival y jugó con el marcador. Menos vértigo, misma autoridad.

El cuarto llegó con algo de crueldad para Arabia Saudí. Saque de esquina, prolongación en el primer palo y volea de Marc Cucurella que obligó a una gran parada de Al Owais. El portero, esta vez sí acertado, no pudo evitar lo peor: el rebote golpeó en Hassan Al Tambakti y se coló en su propia portería. Otro autogol en un torneo que está castigando a los defensas como nunca: ya van ocho, con la fase de grupos aún a medio camino.

España siguió mandando, tocando y encontrando espacios. En el descuento, parecía llegar la manita. Centro de Fabián Ruiz desde la izquierda y definición de Ferran Torres en el área. Gol, celebración, sensación de fiesta completa.

Pero el Mundial 2026 también es el Mundial del VAR. Larga revisión, líneas, conversación silenciosa. Y, al final, decisión: fuera de juego. Gol anulado. El 4-0 no se movió.

La España que quería De la Fuente

El seleccionador había sido claro tras el tropiezo ante Cabo Verde: faltaba profundidad, faltaba agresividad. Ante Arabia Saudí, su equipo le respondió con un primer tiempo que rozó la perfección. Presión alta, tiros desde el primer minuto, rival encerrado en su área.

De la Fuente habló de “paso importante” y no sonó a tópico. España necesitaba una noche así. No solo por los puntos, que la colocan líder del Grupo H a la espera de lo que haga Uruguay ante Cabo Verde, sino por la sensación de equipo afilado, hambriento, capaz de transformar la posesión en daño real.

Yamal, que ya ha asumido en su club el papel de estrella, se siente igual de cómodo con la camiseta de su país. Regates, centros, disparos. En Atlanta marcó el camino. El resto lo siguió.

Oyarzabal, tras arrastrar un pequeño problema físico, volvió a responder con lo que mejor sabe hacer: aparecer donde más duele. Dos goles, un larguero y la impresión de que, cuando el partido pide calma y colmillo, su figura se agiganta.

España cierra la noche con una goleada, un mensaje y una certeza: la versión plana del debut no puede repetirse si quiere llegar lejos. Uruguay asoma como el primer gran examen. Después de lo visto en Atlanta, la pregunta ya no es si La Roja ha llegado al Mundial.

La cuestión es hasta dónde piensa quedarse.