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Mundial gigante sin Italia: Messi defiende el trono

El planeta del fútbol se cita esta noche a las 20.00 en el mítico Azteca. México–Sudáfrica levanta el telón de una Copa del Mundo descomunal, versión maxi estadounidense, con 48 selecciones, tres ceremonias de apertura y una final marcada en rojo para el 19 de julio. Está casi todo el mundo. Casi. Falta Italia en el césped, pero no en los banquillos.

Mientras Lionel Messi se prepara para defender la corona con Argentina, el torneo se abre bajo una mezcla de nostalgia y ambición: la “última danza” para dos iconos, un cuadro de favoritos repleto de estrellas y una sensación compartida en Europa de que el nivel ha subido un peldaño.

Messi, Mac Allister y la fe intacta de la campeona

Argentina llega como campeona del mundo y no esconde su condición. Alexis Mac Allister, cerebro de Liverpool y pieza clave de la Selección, lo resume con una seguridad que roza el desafío. Para él, la Albiceleste sigue siendo “la más fuerte”. No hay euforia vacía: hay memoria reciente.

El equipo sabe “cómo hacerlo”, recuerda el centrocampista, y lo más importante, conserva a Messi, al que define sin rodeos como “el más grande de todos los tiempos”. No hay necesidad de adornar la frase. El peso de lo ocurrido en Qatar habla por sí solo.

Mac Allister ni siquiera se tatuó la copa en 2022. Quizá por superstición, quizá por prudencia. Ahora, a las puertas de otro Mundial, lanza una imagen poderosa: en un mes, dice, podría llevar “dos” tatuadas. No es un pronóstico estadístico, es una declaración de confianza.

En su cabeza, las semifinales ya tienen nombres: Argentina, Francia, España y Portugal. Cuatro gigantes, cuatro estilos, un mismo objetivo. Si el torneo sigue el guion que imagina el mediocampista, el margen de sorpresa será mínimo. El problema es que los Mundiales casi nunca respetan los guiones.

Francia, un vestuario lleno de estrellas… ¿y de problemas?

El otro gran coloso es Francia. Talento a raudales, sobre todo arriba. Un ataque que asusta. El tipo de delantera que obliga a los rivales a mirar dos veces la alineación antes de salir al campo.

Pero en torno a Les Bleus flota una duda recurrente: ¿puede un equipo tener demasiadas estrellas? El brillo individual es incuestionable, la gestión de egos, no tanto. El potencial ofensivo invita a pensar en un torneo de demolición, aunque la historia del fútbol está llena de plantillas deslumbrantes que se quedaron a mitad de camino.

Francia parte en la primera línea de salida, hombro con hombro con Argentina, mientras los modelos de predicción señalan a otra dirección.

España, el algoritmo y la voz de Rodri

Los cálculos fríos apuntan a España. Los algoritmos la sitúan como gran favorita de esta edición número 23. No se trata solo de tradición o de nombres, sino de un conjunto de datos que la elevan por encima del resto.

Rodri lo asume sin complejos. El mediocentro, líder silencioso de la Roja, afirma que el nivel “se ha elevado” y que su España es favorita. No lo plantea como una carga, sino como un reto. La selección española llega con una mezcla de juventud y madurez, respaldada por una idea de juego reconocible y por la convicción de que puede mandar en el torneo.

En el horizonte, nombres que simbolizan esta nueva era: Lamine Yamal como irrupción precoz, Kylian Mbappé como rostro de la generación dominante, Messi como guardián del trono. El Mundial se mueve entre estas tres fuerzas.

Italia, ausente en el césped, presente en los banquillos

Mientras tanto, Italia observa el Mundial desde un lugar incómodo: fuera del cuadro de participantes, pero con peso específico en las áreas técnicas. Tres entrenadores italianos estarán en el centro del escenario: Carlo Ancelotti, Fabio Cannavaro y Vincenzo Montella.

Es la otra cara de la grandeza futbolística italiana. Sin selección en el torneo, pero con tres técnicos al mando de proyectos mundialistas. Ancelotti, “Carletto”, llega como figura global, símbolo de gestión y calma. Cannavaro y Montella representan la nueva ola de entrenadores azzurri que buscan dejar huella fuera de casa.

Italia no compite por la copa, pero su influencia se filtra en los banquillos, en las pizarras, en la manera de entender los partidos.

Un Mundial descomunal que empieza en el Azteca

La Copa del Mundo que arranca hoy no se parece a ninguna de las anteriores. Es la edición 23, la más grande de la historia, repartida en varios países, con 48 selecciones y un calendario que estira el torneo hasta el 19 de julio. Tres ceremonias de apertura, como si el fútbol quisiera subrayar su condición de espectáculo global a cada paso.

Todo empieza en el Estadio Azteca, un templo. México–Sudáfrica como primer acto a las 20.00. Un escenario cargado de memoria, ahora reconvertido en punto de partida de un Mundial que mezcla gigantismo y expectativa.

Messi defenderá la corona. Mbappé querrá arrebatársela. España llega respaldada por los números y por la voz de Rodri. Portugal se presenta como aspirante serio. Y desde los banquillos, los técnicos italianos intentarán colarse en la gran historia del verano.

La pregunta ya no es quién llega mejor al inicio, sino quién resistirá hasta el 19 de julio en este Mundial sin red, gigantesco y sin Italia sobre el césped.